Los guardias del templo volvieron a los jefes de los sacerdotes y a los fariseos, quienes los interrogaron: — ¿Se puede saber por qué no lo han traído?
— ¡Nunca nadie ha hablado como ese hombre! —declararon los guardias.
Juan 7:45-46 NVI
(Énfasis del autor)
Jesús era literalmente un “Maestro” en el arte de hablar y llegar a la necesidad real de las personas. Cuando hablaba usaba palabras sencillas, simples pero que transformaban vidas y provocaban admiración aún en los que no creían en Él.
Sus silencios como sus palabras eran sanadoras, incisivas, y sobre todo muy personales. Sí, les hablaba a miles, pero cada palabra era personal. Como cuando le llevaron una mujer adultera para que la juzgue y su respuesta fue tan personal como general.
Aplicaba la ley de manera sencilla, pero sin ser legalista, desenmascaraba el pecado sin acusar. Sus palabras siempre fueron y son vida.
Él mismo es la “Palabra Encarnada”, es “La Verdad y la Vida”.
Leí una frase de Platón que describe en pocas palabras a quien edifica con sus palabras: «El sabio habla porque tiene algo que decir; el necio porque tiene que decir algo”
Vos y yo necesitamos aprender el arte de hablar para edificar.
No hace falta recitar versículos, ni hablar raro, sólo detenerse, escuchar y tomar tiempo para tender puentes de comunicación reales. Abrir nuestra boca para que Dios se exprese libremente a través nuestro. Palabras simples, conocidas pero impregnadas de Su presencia. Hasta un simple saludo puede hacer un profundo impacto en la vida de otro.
¡Qué bueno es cuando somos vehículos de la palabra que viene del cielo de manera oportuna y justa! Ser reconocidos por nuestra forma de expresarnos. Sin ser aduladores o conformistas. Poder hablar con la verdad y ser íntegros, íntegras, sin hablar por hablar… “Cuando ustedes digan “sí”, que sea realmente sí; y cuando digan “no”, que sea no”.
Nuestro Papá siempre está dispuesto a dar vida, expresar Su amor, valoración y cuidado a todo el que lo necesita, y lo hace en todo tiempo, sólo tenemos que estar atentos porque siempre hay oportunidad de hablar de su parte, no son las palabras que digas, sino el Espíritu que está en vos y en mí que las inspira para que podamos dar vida a través de ellas.
El Señor quiere darte palabras justas y oportunas, palabras que vienen del cielo.
Hoy sería bueno que nos preguntemos: ¿Cómo puedo hablar de manera más amorosa y respetuosa con los demás? ¿Qué palabras pueden ser sanadoras y bendecir? ¿Cómo puedo ser un instrumento de sanidad y bendición para alguien que necesita mi ayuda?
Ruth O. Herrera
