¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.
Salmos 133:1-3 RVR
(Énfasis del autor)
Sión durante el invierno es un valle estéril, seco. El Monte Hermón tiene grietas y con la fuerte nevada en invierno la nieve comienza a meterse en esas grietas, hasta la llegada del verano y empieza el deshielo que se transforma en vertientes que riegan todo el monte y se vuelve fértil.
El monte Hermón es considerado un lugar santo, allí en las alturas Dios se reveló a Moisés y David toma esta figura.
Algunos teólogos dicen que Hermón fue el lugar donde Jesucristo fue con Jacobo, Pedro y Andrés y se transfiguró, y Dios el Padre dió testimonio acerca de Él.
En la Biblia Sión es la figura espiritual del pueblo de Dios, de la comunión y de la relación con Dios. Hoy Sión es la iglesia, somos nosotros, los hijos de Dios
El rocío es figura del Espíritu. Allí donde el Espíritu fluye libremente lo estéril se vuelve fértil.
Es posible que durante mucho tiempo hayas intentado hacer la tarea que el Señor te dio con una mezcla de oración, buenas intenciones y estrategias humanas. Los resultados no llegan, y si lo hacen es a fuerza de mucha labor y desgaste.
Si hay esterilidad en tu vida, si el fruto no permanece; el Señor te dice que desde el “monte” de tu relación y comunión con Él va a descender ese “rocío” que hace que naturalmente lo árido se vuelva fértil y dé fruto.
“…habitar los hermanos juntos en armonía”
Terminemos esta semana pensando y orando por nuestra iglesia, para construir juntos una espacio bueno y delicioso. Una habitación donde la armonía y la comunión nos fortalezcan y enfoquen. Tomá un tiempo para invertir en la oración, pedile a Papá sus fuerzas en la tarea, que corra Su río en la sequedad y para que, como cuerpo recibir nuevas expectativas. Que experimentemos el rocío del Espíritu Santo cubriendonos.
Ruth O. Herrera
