Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12 DHH
(Énfasis del autor)
Estamos rodeados de palabras, invadidos por palabras, todos los días las escuchamos, las vemos a través de distintos medios, en la televisión, los diarios, las revistas y en la calle cientos de voces. Hay carteles publicitarios que nos venden sus productos a través de palabras, cada una de ellas es una demanda y a la vez una propuesta: Miráme, consumime, comprame y serás más atractivo, más hermosa, más feliz y más popular.
Es tanta la avalancha de palabras que a veces las incorporamos a nuestro paisaje y ya no las vemos, no las oímos conscientemente, pero aun así influyen en nosotros. Hay toda una industria muy eficaz, que usa las imágenes y las palabras para “convencernos” y convertirnos en consumidores de su propuesta.
Y aunque los medios cambien, seguimos utilizando palabras porque ellas son el vehículo por medio del cual nos comunicamos y nos desarrollamos.
Dios, nuestro creador también quiso y quiere comunicarse con nosotros a través de las palabras, pero en este caso no invaden, no coaccionan, no fuerzan. Sólo invitan con la fuerza irresistible del amor incondicional que no puede dejar de expresarse y nos deja en libertad para elegir.
Si decidimos leerla bajo la iluminación del Espíritu Santo esa Palabra nos transforma. Transforma vidas, familias y naciones. Dios nos trajo un mensaje desde muy atrás en el tiempo y nos dejó SU PALABRA con la intención de mostrarnos “su amor, su interés y sus planes perfectos para nosotros”.
Nuestra disposición debiera ser no solamente leer La Palabra, sino permitir que la Palabra nos lea a nosotros y así podamos discernir qué hay en nuestro interior. Cuando Dios se revela en Su Palabra, nos ayuda a vernos a nosotros mismos: Conocemos a Dios y nos alineamos a su voluntad.
Hoy queremos animarte a que de manera personal y con tu familia o alguien cercano, busquen tiempos especiales para la lectura de la Palabra de Dios y sean renovados, que sea como alimento y consejo todos los días bajo la guía del Espíritu Santo.
Ruth O. Herrera
