Pero Tomás le dijo: —Señor, si no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a saber qué camino tomar?
Jesús le respondió: —Yo soy el camino, la verdad y la vida. Sin mí, nadie puede llegar a Dios el Padre.
Juan 14: 5-6 TLA
(Énfasis del autor)
Jesús vino para mostrarnos el “camino” hacia la “verdad” que produce “vida”.
Vino a “reconciliar”, “interceder”, “mediar”, “aproximar” a hombres y mujeres.
Desde que fuiste engendrado/a, el plan de Dios fue que tu esclavitud fuera restaurada en libertad y que seas hecho una nueva criatura para Él. Fuiste creado para llegar a ser coheredero con Cristo. No hay plan más maravilloso ni esperanza más completa que ésta.
El pecado cortó la perfecta relación que Dios diseñó originalmente entre el hombre y Él, pero Cristo restauró la condición humana y ya no hay más culpa ni separación para quienes aceptan ser “libres”, y esa nueva relación tiene condición de pacto.
Podemos equivocarnos vez tras vez y cometer errores, pero debemos tener cuidado con naturalizarlos, porque permanecer en el error y justificarlo es lo que nos aleja del diseño perfecto de Dios. En ocasiones no vas a poder evitar tener un sentimiento equivocado, pero mantenerte en eso y negar que sucede es como alimentarlo y sin mala intención volver a tu celda, anular la libertad que Jesús ganó por vos.
Cuando Jesús nos libera, no nos deja sin dirección. Nos devuelve al diseño original de Dios. La verdadera libertad no es ausencia de límites; es estar en el lugar correcto.
“Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán verdaderamente libres.”
Juan 8:36 NTV
Tu libertad y la mía es fruto de la verdad… Y la verdad no es una idea, es una Persona. Por eso, conocer la verdad es conocer a Jesús. Y conocer a Jesús no es solo admirarlo, es seguirlo.
Vivir la verdad implica amar cuando sería más fácil vengarse, perdonar cuando el orgullo pide justicia, confiar cuando el miedo grita, obedecer cuando no entendemos.
La libertad se experimenta en la obediencia.
Hoy una vez más es un buen momento para que pienses cuáles son las áreas de tu vida que hoy necesitás reconciliar con Papá, cosas concretas, definidas, cotidianas. Hábitos que no son sanos, costumbres nocivas que afectan tu cuerpo, desequilibran tu alma y debilitan tu espíritu.
A veces nos dejamos llevar por las modas sociales que nos distraen de una vida sana y equilibrada. Muchas cosas cotidianas que creemos “inofensivas” nos alejan de la verdad de Jesús.
Jesús vino a reconciliarte con Dios en todo y de manera integral, para que desarrolles una vida plena. Una vez más te dice: “he venido para que tengas vida, y vida en abundancia”
Ruth O. Herrera
