Manos de Barro, Corazón de Vida

Manos de Barro, Corazón de Vida

No hay nada que me guste más que los días nublados. Disfruto mucho ver la lluvia y los colores. Para mí, en esos días el verde es más verde y todos los colores se ven más fuertes.

Desde mi ventana puedo ver la creación de Dios: los diferentes árboles, la cantidad de plantas que hay, con distintos colores y frutos. ¡Ningún árbol es igual a otro!

Otra cosa que me encanta ver son los atardeceres… ¿Te pusiste alguna vez a mirar el cielo cuando el sol se está yendo? ¿Viste los colores que aparecen? Rojos, violetas, celestes… Se parecen, pero no son iguales. ¡Cada día hay uno nuevo!

Qué maravilloso es pensar que Dios creó todo eso. La Biblia nos cuenta en Génesis 1 que al principio todo estaba desordenado y no había nada.

Entonces Dios dijo: —¡Voy a crear algo nuevo! Lo primero que hizo fue decir: —¡Que se haga la luz! Y solo con decirlo apareció la luz.

Después fue creando todas las cosas que vemos: el cielo con sus nubes, la tierra, el mar, las plantas, la luna y las estrellas, los animales que viven en la tierra y los que viven en el mar. Y en un día muy, muy especial creó algo excepcional: a las personas.

A veces pienso en ese momento… Dios las pensó, se las imaginó, y la Biblia dice que les fue dando forma. ¿Sabés con qué? Con barro… ¡Sí, con barro!

Formó el cuerpo del hombre, pensó en cada parte, y luego sopló y le dio vida. Le puso de nombre Adán.

Después hizo lo mismo con la mujer: diseñó su cuerpo con barro, sopló para darle vida y la llamó Eva.

Todo lo que Dios creó es maravilloso: perfecto, excelente.
Incluso vos… y yo.

Te propongo algo: cuando termines de leer este devo, mirá a tu alrededor. ¿Qué cosas de la creación de Dios podés ver cerca?

Podés darle gracias por un árbol, una planta de tu casa… ¡o hasta por tu mascota!