Dios mío, tú me conoces muy bien; ¡sabes todo acerca de mí!
Salmo 139: 1 (TLA)
A Julián le encanta jugar a la pelota. Lo que más le gusta es ir al arco. Sus amigos lo saben, así que cuando juegan todos juntos le dejan ese lugar a él.
Sus amigos lo conocen bastante bien. Saben varias cosas de él: cuál es su jugo preferido (aunque también saben que muchas veces prefiere tomar agua). Saben que le gusta jugar partidos cuando llueve y la cancha está embarrada. Y cuando hay sol, le gusta jugar con gorra.
Pero hay un montón de otras cosas que no saben de Julián. No saben que todavía no aprendió a multiplicar muy bien. Tampoco saben cómo se llama su mamá. Ni cuál es su comida favorita. Y podría hacer una lista larguísima de cosas que ellos no saben.
El otro día Julián pensaba:
—¿Será que nadie me conoce tan bien?
No quería quedarse con esa duda, así que fue rápido a preguntarle a su mamá:
—Mamá, ¿vos cuánto me conocés?
¡Charlaron un montón! Julián se dio cuenta de que en su casa lo conocían bastante. Es más, dijeron cosas de él que hasta él mismo se había olvidado.
Pero la charla no terminó ahí. Su mamá le leyó en la Biblia algo súper importante, con mucho amor: el Salmo 139. Ese salmo dice que Dios no solo nos creó, sino que también nos conoce. Conoce nuestra forma de pensar, lo que sentimos y lo que nos pasa. Dios sabe lo que nos gusta y lo que no. Sabe lo que nos cuesta. Conoce nuestros errores y aun así nos mira con amor. Nos ama siempre.
Y hay algo más increíble todavía: Dios no solo te conoce. Dios pensó en vos antes de que nacieras. Cada parte de tu cuerpo, tu forma de ser y tus talentos fueron planeados con amor y con un propósito.
Cuando alguien hace una obra de arte, piensa en cada detalle antes de crearla. Así hizo Dios con vos. Sos su creación más amada.
Dios te conoce desde antes de que nacieras. Cada parte de tu cuerpo, cada pensamiento y cada emoción fueron creados por Él con amor. No hay nada en vos que sea un error.
Y aunque a veces no te entiendas o no te guste algo de vos mismo, Dios te mira con ternura y dice:
—Sos mi hijo, sos mi hija, y te amo tal como sos, porque te creé con un amor inmenso.
