Autoridad y servicio

Jesús reunió a sus doce discípulos y, después de darles poder y autoridad para expulsar a todos los demonios, y para sanar enfermedades, los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.

Lucas 9: 1-2 RVC
(Énfasis del autor)

Hay una gran diferencia entre el poder y la autoridad. 

Se puede tener poder sobre otras personas, pero no ser una autoridad para ellas. Podés tener poder sobre tus hijos, pero que no respeten o reconozcan tu autoridad.

La autoridad se edifica, se sostiene y se respalda con nuestra vida. Como la autoridad total que Jesús tiene por ser quien es.

Nuestra autoridad no se gana, no es automática; principalmente se desarrolla y se confirma con el tiempo. No se impone, se reconoce.

Muchas personas creen que la autoridad viene de un cargo o de una posición, pero eso solo da poder externo, no autoridad real.

La verdadera autoridad es algo que otros pueden reconocer.

Paradójicamente, Jesús siendo Soberano en los cielos y sobre la tierra sufrió el descrédito de quienes se le oponían y no reconocían su autoridad.

La verdadera autoridad en el Reino de Dios radica en la persona de Cristo, y no en sus milagros u obras poderosas; su autoridad se afirmó en su renuncia y en su humildad… de eso se trata. El poder y la autoridad delegada por Jesús a sus discípulos y a nosotros se manifiesta al hacer sus obras y manifestar el evangelio.

Lo que Jesús nos da a través del Espíritu Santo tiene dirección y propósito: bendecir y mostrar vida plena.

La autoridad según Jesús es sinónimo de humildad y de servicio. Él lo demostró en los prodigios que hizo y en su vida cotidiana.

El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo…

Filipenses 2: 6-7a RV1960

Cuando una persona camina con Dios, sus palabras tienen peso, su consejo trae claridad, su presencia genera paz, su vida impacta sin necesidad de imponerse. Lidera en todos los ámbitos de su vida sirviendo a otros.

En el mundo, la autoridad se asocia con mandar.  En el Reino, la autoridad se asocia con servir.

El que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor. Mateo 20:26 NVI

Esto cambia completamente la perspectiva. La verdadera autoridad se ve en cómo servís a otros y no en cuánto controlás o levantás la voz. Cuando cuidás, acompañás,

comprendés, la autoridad que Jesús te delegó se manifiesta de la misma manera que cuando orás por un enfermo, declarás libertad sobre un oprimido o profetizás en el Espíritu.

Cuando una persona sirve con amor, su autoridad crece de manera natural.

 

Ruth O. Herrera