«…Vete en paz, y queda sana de tu aflicción.»
Marcos 5:34b RVR1977
Jesús acaba de escuchar la historia de la mujer del flujo de sangre. Ella, temblando, le confesó toda la verdad. Y la respuesta de Jesús no es de reprensión por haberlo interrumpido, ni de apuro por tener que irse. Sus palabras son un bálsamo que trasciende lo físico.
La restauración de la mujer sin nombre fue completa. Alguien anónimo, de la que solo se sabía que estaba enferma… considerada inmunda. Cuando Jesús le dice: «Vete en paz» la realidad fue absolutamente sorprendente.
En el idioma original y en la cultura judía, la palabra para paz es Shalom, que no significa simplemente la ausencia de guerra o de problemas. Shalom significa plenitud; bienestar integral; salud mental, emocional, espiritual y física. Significa que todo lo que estaba roto ha sido restaurado a su diseño original.
Jesús no solo sana su cuerpo físico… «queda sana de tu aflicción», también le devuelve su posición en la sociedad y su paz interior. La llama «Hija» en el mismo versículo, dándole un sentido de pertenencia.
En este relato hay un contraste entre las que son llamadas «hijas«. Hay un detalle que pone sobre relieve que para Jesús no había jerarquías ni “posiciones”.
Mientras Jesús le dice «hija» a esta mujer marginada y le devuelve la vida, Jairo está perdiendo a su propia «hija». Para los ojos humanos, Jairo era un hombre importante, merecedor de atención inmediata; la mujer era una marginada invisible. Pero Jesús nos muestra que su gracia no hace diferencias. Él tiene el poder de atender la necesidad oculta de una persona sin abandonar la crisis pública de otra, aunque a veces sus tiempos nos resulten incomprensibles.
¿Alguna vez sentiste que tu causa o tu crisis no eran lo suficientemente importantes para los demás? ¿Viviste la sensación de ser invisible?
Creo no equivocarme al pensar que en algún momento de la vida, todos fuimos imperceptibles. El problema o el triunfo de otro nos opacó, la mirada de quienes nos rodeaban era nula… Yo lo sentí y sufrí muchas veces en mi niñez y en mi juventud. Hasta preferí ser anónima antes que pasar desapercibida.
Pero Jesús envió al Espíritu Santo para que la manifestación de su persona, su amor y su cuidado sean absolutamente reales y palpables. Para Dios no hay gente invisible.
Si una adicción, una crisis matrimonial, un problema financiero, una depresión o enfermedad… o alguna otra situación te hizo sentir menos importante o menos que el resto este devocional es para vos.
Jesús te mira hoy y te ofrece Su Shalom. Él no está apurado para pasar por alto tu vida. Él quiere que vivas en paz y que quedes sano/a de tu aflicción. Que te veas como una persona plena y digna.
Jesús se detuvo y se detiene por vos para declararte “hija”, “hijo”.
Ruth O. Herrera
