Restitución exagerada

Entonces Zaqueo se levantó y le dijo al Señor: —Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de todo lo que tengo, y si he engañado a alguien, le pagaré cuatro veces más.

Lucas 19:8 PDT

Este es el clímax de la historia, el momento en que lo invisible se hace visible…y de una forma económica asombrosa. 

Las lectura tiene mayor peso si sabemos que los códigos legales judíos (la Torá), en relación al robo y la extorsión tenía reglas claras sobre la restitución para restaurar el tejido social. (Números 5:6-7 y Levítico 6:4-5). Si una persona cometía fraude o robo y se arrepentía voluntariamente y lo confesaba, debía devolver lo robado más un 20%. El robo de un animal exigía una restitución cuádruple.

Por otro lado, la ley romana era estricta. Si un juez romano comprobaba que un cobrador de impuestos había defraudado, la pena impuesta era devolver cuatro veces lo robado, aunque no se cumplía porque tenían a los soldados romanos en sus nóminas de soborno.

Que Zaqueo se pusiera de pie era una postura de solemnidad y juramento público, lo que era algo inaudito. Primero, promete devolver  el 50% de su inmensa riqueza a los pobres, ¡un acto exorbitante en su época!

Segundo no se acoge a la ley de gracia del Antiguo Testamento (devolver + 20%), se auto-impone el castigo más severo de la ley romana para los criminales convictos: restitución al 400%. ¡Totalmente exagerado!

No soy muy buena en matemática… pero,  si regalas la mitad de tu dinero, y con la otra mitad pagás cuatro veces todo lo robado durante años a toda la población, terminás sin nada.

Sí. Zaqueo estaba declarando su propia bancarrota. ¿No será mucho?

Es fundamental entender el orden de los eventos. Zaqueo no hizo esta promesa monumental para que Jesús entrara a su casa. Anunció esta promesa porque Jesús ya había entrado. No fue un soborno para comprar la salvación. Fue el fruto exultante de una salvación ya recibida. 

La gracia no es el resultado de nuestras buenas obras, sino que nuestras buenas obras son la prueba de que la gracia ha hecho erupción en nuestro interior.

La historia de Zaqueo nos hace preguntas difíciles pero necesarias en un mundo obsesionado con el consumo. ¿Qué tan generosos somos? ¿Qué lugar ocupa lo material en nustra vida diaria? ¡No! Nosotros no tenemos nada que ver con Zaqueo, pero este hombrecito nos confronta y apela a nuestra manera de vivir.

¿Qué tan agradecido/a soy con lo que Dios me provee… cómo lo comparto?¿No ayudar a los demás, representa la Gracia de Dios? Y, ¿Cuánto me duele compartir mi pan con el hambriento?

A primera lectura las respuestas son fáciles. Pero, si son muy fáciles, leelás una vez más.

Jesús, reconozco que es fácil cantar sobre tu gracia, pero difícil dejar que esa gracia toque lo que me pertenece. Hoy necesito entregarte las llaves que guardo sólo para mí. Quiero que el fruto de tu amor en mí sea visible, real y de bendición de todas las formas posibles para quienes me rodean. En el nombre de Jesús, Amén.

 

Ruth O. Herrera