“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos, también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas”.
Para ilustrar mejor esa enseñanza, Jesús les contó la siguiente historia: «Un hombre tenía dos hijos. El hijo menor le dijo al padre: “Quiero la parte de mi herencia ahora, antes de que mueras”. Entonces el padre accedió a dividir sus bienes entre sus dos hijos.» Pocos días después, el hijo menor empacó sus pertenencias y se mudó a una tierra distante, donde derrochó todo su dinero en una vida desenfrenada.
Lucas 15: 11-13 (NTV)
(Énfasis del autor)
Pasados unos días, el hijo menor se fue. Creía tenerlo todo: juventud, riquezas, tiempo libre y la ilusión de libertad que produce el anonimato. Su familia había quedado atrás.
La Biblia no lo aclara, pero seguramente, de inmediato tuvo muchos amigos. En Argentina hay una frase que identifica esta realidad: “los amigos del campeón”. No son realmente amigos, se acercan por interés a todo aquel que tenga fama, poder o dinero. Mientras se mantenga alguna de esas tres categorías sociales, el afecto, los halagos y la compañía permanente están garantizados.
El problema de seguir nuestros impulsos es que el costo puede ser muy alto. La tan ansiada libertad se convirtió en esclavitud. Seguía siendo hijo, pero su aspecto era andrajoso y estaba hambriento.
¡Su desenfreno lo dejó en la ruina!
¿Recordás que ayer mencionamos que suele resultarnos molesto que alguien nos ponga límites?
Si por un momento somos totalmente sinceros con nosotros mismos, podemos reconocer que el recorrido del hijo menor, en algún sentido, también es el nuestro. De acuerdo con tu propia personalidad podés rebelarte activamente y ponerte en acción para ir detrás de tus pasiones y placeres o podés no hacerlo porque no te animás, pero el deseo permanece latente.
Recuerdo la historia de un ahora conocido y exitoso líder juvenil cristiano quien confesó que, durante su adolescencia, aunque era hijo de Dios, se escapaba por las noches para ir a bailar; tenía dos novias a la vez; y en el colegio era muy popular y admirado por su rebeldía. Él expresaba: “yo sabía que muchos jóvenes cristianos querían hacer lo mismo que yo, solo que no se animaban. Y además no eran exitosos ni populares. Por eso me criticaban”.
Si es esta tu situación actual, aunque no seas joven (hoy existe la famosa crisis de la mediana edad en la que la gente hace lo que no se animó a hacer en su adolescencia, solo que fuera de tiempo y eso erosiona su identidad y puede destruir una familia) hay esperanza para vos. No importa lo lejos que estés de tu Padre, seguís siendo su hijo. Mañana veremos cómo continúa la historia…
Mónica Lemos
