La semilla brota si está sembrada

Seguimos acompañando el estudio de las parábolas juntos a los grupos de red. Juntos en cada devocional, descubrimos nuevos desafíos.

Jesús también dijo: «El reino de Dios es como un agricultor que esparce semilla en la tierra. Día y

noche, sea que él esté dormido o despierto, la semilla brota y crece, pero él no entiende cómo

sucede. La tierra produce las cosechas por sí sola. Primero aparece una hoja, luego se forma la

espiga y finalmente el grano madura. Tan pronto como el grano está listo, el agricultor lo corta con

la hoz porque ha llegado el tiempo de la cosecha».

Marcos 4:26-29 (NTV)

La parábola continúa de esta manera: “la tierra produce las cosechas por sí sola. Primero aparece una hoja, luego se forma la espiga y finalmente el grano madura”. El crecimiento de la planta tiene distintas etapas, cada una es imprescindible y lleva tiempo. Nada madura instantáneamente.

Cuando leí que se formaba la espiga, recordé la enseñanza del Señor sobre el grano de trigo: 

Les digo la verdad, el grano de trigo, a menos que sea sembrado en la tierra y muera, queda solo. Sin embargo, su muerte producirá muchos granos nuevos, una abundante cosecha de nuevas vidas.

(S. Juan 12:24 NTV) 

Jesús dijo esto acerca de su propia muerte. 

La semilla necesita ser enterrada, “morir” para transformarse en una planta que, a su vez, dará otras semillas para que el proceso de multiplicación continúe. Cada planta tiene varias espigas y en cada espiga hay varios granos. La naturaleza muestra la abundancia de la generosidad de Papá. Si el agricultor guardara la semilla y no la sembrara, tendría siempre una semilla. El potencial seguiría ahí, pero nunca germinaría. Para que la vida que lleva dentro aparezca, necesita caer en tierra y pasar por el proceso de transformación del que habla el comienzo del texto.

En sentido figurado, nosotros somos esa semilla. Nuestro deseo sincero es conocer más al Señor, crecer y madurar en la fe, avanzar y ver que Sus promesas y Su propósito se cumplen en nuestra vida. Pero nos cuesta mucho aceptar que en el proceso tendremos que “morir” a algunos sueños y deseos. Hay planes y expectativas que necesitamos rendir delante del Señor porque compiten con el lugar que Él quiere ocupar en nosotros.

La semilla bajo tierra no se ve. El milagro sucede cuando la cáscara se abre para que pueda brotar. Por eso Jesús explicó que primero aparece la hoja, luego la espiga y finalmente el grano maduro. Hay etapas que no se pueden saltear. Muchas veces la ansiedad por “cosechar” de inmediato, nos detiene. No obstante, Dios también obra en esos tiempos en que, por apurarnos, detenemos el proceso. Su interés somos nosotros, no lo que hacemos para Él. 

“Ese proceso continuará hasta que todos alcancemos tal unidad en nuestra fe y conocimiento del Hijo

de Dios que seamos maduros en el Señor, es decir, hasta que lleguemos a la plena y completa

medida de Cristo”

(Efesios 4:13 NTV)

 

Mónica Lemos