Las semillas

Seguimos acompañando el estudio de las parábolas juntos a los grupos de red. Juntos en cada devocional, descubrimos nuevos desafíos.

Jesús también dijo: «El reino de Dios es como un agricultor que esparce semilla en la tierra. Día y noche, sea que él esté dormido o despierto, la semilla brota y crece, pero él no entiende cómo sucede. La tierra produce las cosechas por sí sola. Primero aparece una hoja, luego se forma la espiga y finalmente el grano madura.  Tan pronto como el grano está listo, el agricultor lo corta con la hoz porque ha llegado el tiempo de la cosecha».

Marcos 4: 26-29 (NTV)
(Énfasis del autor)

En la llamada Parábola del Crecimiento, Jesús comparó el reino de Dios con un agricultor que esparce semilla en la tierra. Después de sembrar, el ciclo de la vida sigue su curso. Esa semilla germina, brota y crece. ¿Cómo sucede esto? Es un misterio que escapa a la comprensión humana. Hay una parte del proceso (la siembra) que debe hacer el labrador,pero hay otra que depende únicamente de Dios. El agricultor trabaja el terreno para que esté en las mejores condiciones para la siembra. Ara la tierra, saca la maleza y luego planta la semilla. En un sentido espiritual, el profeta Oseas expresa lo siguiente:

“Planten buenas semillas de justicia, y levantarán una cosecha de amor. Aren la dura tierra de sus

corazones, porque ahora es tiempo de buscar al SEÑOR para que él venga y haga llover justicia sobre

ustedes”.

Oseas 10:12 (NTV)

Después de la siembra, confiamos. No podemos forzar, apresurar ni controlar cómo crece la planta. Ocurre en lo oculto. Como decía el Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”.

Tampoco podemos atribuirnos mérito alguno. Esto lo dejó bien en claro el apóstol Pablo

cuando observó que en la iglesia de Corinto había envidias y discordias. Se habían formado dos bandos y cada uno respondía a un liderazgo diferente. Usaban criterios humanos para medir su crecimiento espiritual. 

Porque cuando uno afirma: «Yo soy de Pablo», y otro: «Yo soy de Apolo», están manteniendo criterios

puramente humanos. A fin de cuentas, ¿qué es Apolo?, ¿qué es Pablo? Simplemente servidores, por

medio de los cuales ustedes han llegado a la fe. Cada uno de nosotros hizo el trabajo que el Señor le

señaló:  yo sembré y Apolo regó, pero Dios es quien hizo crecer lo sembrado. De manera que ni el que siembra ni el que riega son nada, sino que Dios lo es todo, pues él es quien hace crecer lo sembrado.

1 Corintios 3:4-7 (DHH)

Por eso, nosotros “preparamos la tierra” cuando oramos para que Dios prepare los corazones de las personas. Sembramos la semilla cuando compartimos el mensaje y ayudamos a otros a que lo comprendan. Sin embargo, el que hace que esa semilla brote y crezca es Dios que,silenciosamente, está obrando en esas vidas. El crecimiento espiritual verdadero y permanente viene del Señor. Cuando olvidamos esta verdad, confundimos la misión con protagonismo y poder.

 

Mónica Lemos