Acompañamos a las redes de nuestra iglesia en el estudio del evangelio de Marcos
Principio de la buena noticia de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios.
Marcos 1:1 DHH
Marcos inicia su relato sin genealogías ni infancias: va directo al grano. La palabra clave aquí es Jesucristo. Este no es un nombre y un apellido, sino un nombre y un título teológico que manifiesta identidad, misión y esencia.
Jesús, en arameo Yeshua, significa «Yahvé es salvación» y define su misión terrenal.
En la traducción griega el término es Christos, del hebreo Mesías, que significa «el ungido». Al unir ambos nombres, Marcos declara que el hombre común de Nazaret es en realidad, el cumplimiento de todas las promesas del Antiguo Testamento.
En la historia bíblica los reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos con aceite para consagrar su servicio a Dios, pero Jesús es el Ungido definitivo. Quien une los tres oficios con una misión eterna.
Marcos conecta la vida de Jesús con las profecías al comenzar diciendo “principio de las buenas noticas”, un inicio que es parte de la continuación de la historia.
Presenta a Jesús como el Mesías, y deja en claro que su misión establece el Reino de Dios en la tierra. Al pronunciar: “Hijo de Dios” aclara cualquier duda posible.
Ya sabemos que el pueblo esperaba un líder político, alguien que como Josué instalara un reino territorial y político. Por eso, comenzar de esta manera su evangelio encierra en una frase de presentación el resto de su relato.
Lo que continuaría sería como la explicación en “anécdotas” y datos de su primera frase.
Los contemporáneos de Jesús esperaban un líder militar, no alguien que perdone pecados. Creían en la urgencia de un cambio político externo y para nada en una transformación personal. Buscaban resultados palpables en lo natural. Estaban dispuestos a exponer la vida por eso. En la conciencia humana lo espiritual puede entenderse como algo imperceptible… no urgente.
La palabra «principio» nos recuerda que el evangelio siempre ofrece la oportunidad de un nuevo comienzo espiritual gracias a la obra de Cristo. Esto me inspira a hacerte una pregunta: Cuando aceptaste el amor y la salvación en Cristo… ¿Qué era lo que realmente buscabas o esperabas? ¿Desde el primer momento querías un cambio interno? Y hoy ¿buscás a Jesús para que cumpla tus planes personales o te rendís al diseño de su redención?
¡Qué bueno es que hoy, vos y yo podamos decirle a nuestro Mesías: “te reconozco como el Cristo, el Mesías prometido y el Salvador de mi vida! Gracias por iniciar una buena obra en mí a través de tu evangelio. ¡Te pido que reines con autoridad en mi mente y en mis decisiones diarias, alineando mi corazón con tu verdad!
Ruth O. Herrera
