[…] Cuando estaba a solas con sus discípulos les explicaba todo con claridad.
Marcos 4.34 TLA
¿Hace cuánto no estás en completo silencio? Y por silencio no vale contar mirar videos sin sonido y con subtítulos, eh.
No sé si hoy en día estamos tanto en multitudes como las que se cuentan en los evangelios. Nuestra experiencia más cercana quizás sean los festejos de algún partido de fútbol, o el trasbordo en una estación cabecera de tren, pero lo que se diga multitudes reunidas escuchando a una persona… Creo que ya no es tan habitual.
Sin embargo, a pesar de estar bastante enfrascados en nuestros propios mundos, el celular muchas veces no nos deja espacio ni para escucharnos a nosotros mismos. Hoy las multitudes ruidosas se encuentran en nuestros dispositivos.
En el mejor de los casos, evitamos contenidos “vacíos de contenido”, y buscamos leer, escuchar y ver sobre temas que nos enseñen algo. Pero si no tenemos tiempo de procesarlo, ¿cuánto de eso aprehendemos realmente? Si miramos videos cortos, uno tras otro, es probable que al cabo de una hora no recordemos ni siquiera el último que acabamos de ver.
Leer que Jesús hablaba a multitudes por medio de parábolas y analogías, pero que luego las explicaba con toda claridad a sus discípulos cuando estaban a solas, en otro momento histórico quizás pasara desapercibido, pero hoy día, parece imposible de ignorar.
Tenemos acceso a devocionales, a prédicas en todos los idiomas, a fragmentos de libros, a música de adoración… Pero ¿cuánto de eso procesamos en la intimidad? ¿Cuánto de eso que “consumimos” realmente llegamos a digerir? Es como si tuviésemos una mesa llena y a pesar de eso estuviéramos malnutridos.
En vez de buscar abarcar la mayor cantidad posible, debiéramos enfocarnos en la mayor profundidad posible. Quizás sea un versículo a la vez, quizás una canción por día… No lo sé, cada quien tiene sus propias necesidades, sus propios tiempos y rutinas. ¡Pero cuán necesario es dejar que nuestras vidas, pensamientos, sentimientos y necesidades queden expuestas a la luz de la Palabra de Dios!
Te agradezco, Señor, por todo lo que pude escuchar y leer acerca de Vos estos días. Te entrego ahora mi tiempo, mi mente y corazón para que me hables y me reveles lo que Vos tenés para mí. Ayudame a quedarme, a meditar en tu Palabra y a poder obedecerla. Amén.
Yanett Sokur
