Ustedes fueron salvos gracias a la generosidad de Dios porque tuvieron fe. No se salvaron a sí mismos, su salvación fue un regalo de Dios.
Efesios 2: 8 PDT
¿Alguna vez recibiste un regalo sin esperarlo?
Los regalos más lindos tienen algo especial: no se compran con buenas acciones ni hay que hacer méritos para recibirlos. Simplemente alguien decide regalarte algo porque te quiere.
Con el amor de Dios pasa algo parecido. A veces pensamos que Dios nos va a querer más si nos portamos bien, si nunca nos equivocamos o si hacemos todo perfecto.
Pero la Biblia dice otra cosa. Dios nos amó primero. Tanto nos amó que envió a Jesús para salvarnos. Eso significa que no tenemos que ganarnos el amor de Dios.
Él decidió amarnos. Cuando Jesús murió y resucitó, hizo todo lo necesario para que pudiéramos volver a estar cerca de Dios.
¿Y qué hacemos cuando alguien nos hace un regalo? Lo recibimos. Y damos las gracias.
Ahora nosotros tenemos que recibir ese regalo.
No intentamos comprar su amor. No hacemos cosas buenas para que nos quiera. Simplemente aceptamos con fe el regalo que nos ofrece y vivimos agradecidos.
Y cuando entendemos cuánto nos ama Dios, naturalmente queremos parecernos cada vez más a Jesús y hacer lo que a Él le agrada. No para que nos ame… Sino porque ya nos ama.
Para orar
«Jesús, gracias porque tu amor es un regalo que no podemos comprar ni ganar. Gracias por hacer todo lo necesario para acercarnos a Dios. Queremos recibir ese regalo con alegría y vivir agradecidos por todo lo que hiciste por nosotros. Amén.»
