No apaguen el fuego del Espíritu.

1° Tesalonicenses 5:19 DHH

La Biblia utiliza este elemento del fuego en muchas imágenes para representar verdades espirituales. En el Antiguo Testamento representaba seguridad, guía, protección, poder de Dios y en el nuevo Testamento, como leemos acá está asociado al Espíritu Santo.

El comienzo del libro de Hechos relata la venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Así nació la iglesia.

Cuando llegó la fiesta de Pentecostés, todos los creyentes se encontraban reunidos en un mismo lugar.  De repente, un gran ruido que venía del cielo, como de un viento fuerte, resonó en toda la casa donde ellos estaban.  Y se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron, y sobre cada uno de ellos se asentó una.  Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu hacía que hablaran.

Hechos 2:1-4 DHH

Más adelante es que el apóstol nos insta a no apagar ese fuego. El hecho de que lo hagamos o no tiene que ver con la actitud y la decisión de cada uno de nosotros. Es nuestra responsabilidad. Dios anhela que nosotros elijamos mantener el fuego encendido.

Pastor Gabriel Nonini

Jesús les había advertido claramente que cuando viniera el Espíritu Santo iban a recibir poder para ser sus testigos.

 …pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra.

Hechos 1:8 DHH

Durante la fiesta de Pentecostés se cumplió esa promesa. Los creyentes recibieron poder sobrenatural para poder comunicar el evangelio en el idioma que los demás hablaban. Dado que eran galileos y además no tenían instrucción sin duda los que escuchaban estaban conmocionados y atónitos ¡no podían creer lo que estaban escuchando!

¿Qué palabras escucharon?

…les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

Hechos 2:11 RVR60

Todos estaban llenos del Espíritu Santo, esa llenura provocaba el testimonio y las señales poderosas que el Señor hacía por medio de los apóstoles. De esta manera nació la iglesia y aunque este acontecimiento fue puntual, histórico, todos los que hemos nacido de nuevo tenemos al Espíritu Santo morando dentro de nosotros.

Somos templo del Espíritu. La exhortación a no apagar el fuego del Espíritu Santo incluye otras ideas, por eso hay versiones que solo dicen “no detengan la obra del Espíritu” “No apaguen la fuerza del Espíritu” “No apaguen el Espíritu”. Apagar el fuego es también detener Su obra, apagarla.

¿Por qué nos dirá esto la Palabra? Precisamente porque es común que suceda. Todo en la fe se trata de relación, no de impulsos momentáneos, ni de acontecimientos puntuales extraordinarios, aunque no los descarta.

 Como en una relación amorosa al principio es intensa y todos los pensamientos, acciones o intensiones quieren agradar al amado/a… pero con el tiempo, los años, la rutina, los desacuerdos, distracciones y circunstancias externas, pueden llevar a que la “chispa” se apague.  Con el Espíritu pasa lo mismo, sin darnos cuenta, a menudo lo damos por sentado, tenemos certeza de que habita en nosotros y esa realidad puede llevarnos a descuidar su importancia por atender las urgencias cotidianas.

Podemos hasta hacer la obra para el Señor, con el deseo de agradarlo, pero en nuestras propias fuerzas y aunque haya resultados, el esfuerzo para producirlos es humano, carnal y nos desgasta.  Hay que insistir, insistir, promocionar, pensar estrategias y sobre todo no descuidarnos un segundo. Es difícil tener todo bajo control para alcanzar con nuestras fuerzas lo que el Espíritu Santo puede darnos más eficazmente.

 La iglesia del primer siglo no hubiera sobrevivido sin el poder del Espíritu Santo. No tenían tantos elementos, tecnología ni estrategias humanas. Posiblemente el que tenía más estrategias humanas por su capacidad y conocimiento intelectual era Pablo, pero él renunció voluntariamente a ellas. Había descubierto algo superior, el poder de Dios manifestado a través del Espíritu Santo. Por eso pudo llevar el evangelio a tantos lugares.

 Hermanos en Cristo, cuando fui a ustedes, para hablarles de los planes que Dios tenía en secreto, no lo hice con palabras difíciles ni traté de impresionarlos.  Al contrario, decidí hablarles sólo de Cristo, y principalmente de su muerte en la cruz.  Cuando me acerqué para enseñarles y anunciarles el mensaje, me sentía poco importante y temblaba de miedo. No fui a ustedes como un sabelotodo, ni usé palabras elegantes. Sólo dejé que el Espíritu de Dios mostrara su poder y los convenciera.  Y así, ustedes creyeron en Dios, no por medio de la sabiduría humana sino por el poder de Dios.

1° Corintios 2.1-5 TLA

(Énfasis del autor)

El texto nos dice que Pablo tomó voluntariamente dos decisiones fundamentales: Renunciar a sus capacidades intelectuales naturales, a su actitud de experto en la ley para limitar su mensaje a un solo tema: Jesús y su muerte en la cruz. Y permitir que el Espíritu mostrara Su poder.

Él tomó decisiones, plenamente consciente de lo que hacía. ¡Seguramente le debe haber costado mucho! Cuesta imaginar una personalidad como la de él correrse de la escena para dejar que solo actuara el Espíritu, pero eso marca la profunda transformación que Cristo había hecho en su vida y también las decisiones que vez tras vez tomaba el apóstol para no apagarlo.

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