Ustedes saben que fueron rescatados de una vida sin sentido, la cual heredaron de sus padres; y que ese rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro y la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, sin mancha y sin contaminación, como la de un cordero, que ya había sido destinado desde antes de que Dios creara el mundo, pero que se manifestó en estos últimos tiempos por amor a ustedes. Por él ustedes creen en Dios, que fue quien lo resucitó de los muertos y lo ha glorificado, para que ustedes tengan puesta su fe y su esperanza en Dios.
1° Pedro 1:18-21 RVC
(Énfasis del autor)
Nuestra real esperanza no está en las vacunas, ni en la disponibilidad de camas de los centros de salud, ni en que todo vuelva a ser como era antes de la aparición del virus. Esa no es nuestra primordial esperanza. Nuestra expectativa está depositada en una persona: Cristo, nuestro Señor, que murió y resucitó.
Sabemos que el Señor está en el cielo pero va a volver como dice la Palabra, va a venir a reinar sobre la tierra y nosotros como iglesia reinaremos con Él. Él pondrá en orden y restaurará todas las cosas, pondrá a sus enemigos bajo sus pies. Este es nuestro anhelo y “esperanza de gloria eterna”.
Pastor Gabriel Nonini
Recuerdo una canción popular que dice en algunos de sus párrafos:
No, permanecer y transcurrir no es perdurar,
No es existir, ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
Tanta conciencia, sin saber, adormecida. (…)
Merecer la vida
Es erguirse vertical más allá del mal de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
Y a nuestra propia libertad la bienvenida. … (Eladia Blazquez)
El apóstol Pedro hablaba desde otro enfoque del mismo tema que la canción. Los seres humanos heredamos una manera de vivir sin sentido, un transcurrir, rutinas cotidianas, y maneras de “no ser”. Eso forma parte de nuestra condición. Los días y los años pasan, muchas veces, sin que podamos protagonizar realmente nuestra vida. Nos condicionan los modelos sociales, las expectativas ajenas y las propias. Es ese molde del que también escribe el apóstol Pablo…
Generalmente, en la vorágine de las horas, pocas veces tomamos conciencia de que ya fuimos rescatados de esa antigua manera de vivir. ¡Ya está hecho! No tiene poder sobre nosotros… si podemos hacer un alto, examinar cómo estamos viviendo y dejar que sea La Palabra la que nos siga dando la forma que Dios diseñó desde el principio de los tiempos.
Es por la obra de Cristo que nosotros podemos creer en Dios. Cristo es la definición encarnada de la Verdad y también es quien hizo posible nuestra libertad. Esa libertad que muchas veces no logramos comprender del todo y mucho menos vivir en la dimensión que nuestro Señor nos propone.
Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres?
San Juan 8:31-33 RVR60
El texto de Juan deja muy en claro esa ceguera que nos hace negar realidades que son evidentes. Cuando el Señor les dice estas cosas los judíos, que según lo que la misma Palabra declara, habían creído en Él, se ponen a la defensiva y tal vez sin ser conscientes del todo niegan una clara evidencia histórica al responder: “Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie”.
¿Qué pasó? ¿Realmente nunca habían sido esclavos de nadie? ¿Olvidaron los años en Egipto o en el exilio?
El texto continúa y la profundidad de su mensaje excede este devocional. Lo que sí quiero remarcar es que Cristo toma el concepto de esclavitud, que ellos sí habían experimentado en forma muy concreta, para explicar el verdadero sentido de Su propuesta. Su intención es que descubran la posibilidad real y palpable de seguir sus enseñanzas para entender que disfrutaban de una libertad que en realidad sólo era transcurrir día tras día ocupados en muchas cosas, pero distraídos de lo verdaderamente trascendente.
Jesús compró a precio muy alto tu libertad y la mía, te dio la identidad de Hijo y por eso, como dice la canción, podemos erguirnos más allá del mal y de las caídas. Darle a la verdad y a nuestra propia libertad la bienvenida y atrevernos a mirar con confianza el porvenir.
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