Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no está al tanto de lo que hace su amo; los he llamado amigos, porque todo lo que a mi Padre le oí decir se lo he dado a conocer a ustedes. No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los escogí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.
San Juan 15: 14-16 NVI
Cuando vos realmente desarrollás una amistad profunda con Dios podés hacer que también otros disfruten de Su favor y de Su compañía; por eso es necesario que no te conformes con ser una persona que sabe que se va a ir al cielo sino que todo el tiempo seas una persona que genera una relación constante con el Señor íntima, profunda, que ordena sus cosas, que ordena su casa, que ordena su familia, que ordena su ministerio, que se pone a trabajar para el Señor porque ahí encuentra verdadero descanso y verdadero crecimiento. Luego, las demás cosas se van a ir añadiendo. Incluso por tu vida muchos van a conocer a Cristo.
Pastor Cristian Centeno
Este texto es súper conocido, seguramente muchos podemos citarlo casi de memoria. Sin embargo en esas palabras que nos suenan tan familiares hay un concepto medular, que puede suceder que por el peso de nuestra cultura se nos escape.
En el tiempo de Jesús no existía el concepto de empleado entendido como una persona libre, que hace determinado trabajo con el cual gana su dinero y luego se va a su casa y vive como desea. El Señor de alguien era su amo, el dueño de la vida del siervo, podía disponer de su tiempo, tratarlo como quisiera, eso era común, normal, esperable. El amo hacía sus planes, el siervo acataba órdenes. La amistad era totalmente ajena a esta relación, el amor estaba totalmente fuera de contexto, no era una relación elegida.
Jesús nunca trató a nadie así, aunque era Señor en el sentido del término en su época, siempre se acercó a las personas para enseñarles, bendecirlas, dignificarlas, sanarlas y liberarlas. En esta historia está hablando con sus discípulos y parte desde una base extraña para los oídos de los suyos, compara su relación con el Padre con la relación que Él tenía con sus discípulos
»Así como el Padre me ha amado a mí, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor. Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que tengan mi alegría y así su alegría sea completa.
San Juan 15: 9-11
¡Jesús nos amó de la misma manera que el Padre lo amaba a Él! Nuestra tarea es permanecer en ese amor ¿Cómo lo hacemos? Como lo hizo el Señor, obedeciendo sus mandamientos.
El Señor no nos pide acatar órdenes de un amo con el cual no nos une ninguna clase de afecto, sino obedecer por amor, tal como Él mismo hizo. Su relación con el Padre estaba construida de amor, mucho tiempo de comunicación íntima (recordemos las noches enteras que Jesús pasaba orando) y una férrea decisión de obedecer en todo.
Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos
San Juan 15:13 NVI
Seguir creciendo en amistad con Jesús es lo prioritario para poder permanecer. Cuando uno ama, obedece. Busca la forma de descubrir lo que al otro le agrada y lo hace. Jesús siempre buscó agradar al Padre. Vos y yo somos llamados a hacer lo mismo.
Leave a Reply