Atravesando Anfípolis y Apolonia, Pablo y Silas llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos. Como era su costumbre, Pablo entró en la sinagoga y tres sábados seguidos discutió con ellos. Basándose en las Escrituras, les explicaba y demostraba que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara. Les decía: «Este Jesús que les anuncio es el Mesías.» Algunos de los judíos se convencieron y se unieron a Pablo y a Silas, como también lo hicieron un buen número de mujeres prominentes y muchos griegos que adoraban a Dios. Pero los judíos, llenos de envidia, reclutaron a unos maleantes callejeros, con los que armaron una turba y empezaron a alborotar la ciudad. Asaltaron la casa de Jasón en busca de Pablo y Silas, con el fin de procesarlos públicamente. Pero como no los encontraron, arrastraron a Jasón y a algunos otros hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: « ¡Estos que han trastornado el mundo entero han venido también acá, y Jasón los ha recibido en su casa! Todos ellos actúan en contra de los decretos del emperador, afirmando que hay otro rey, uno que se llama Jesús.»
Hechos 17:1-7 NVI
(Énfasis Del autor)
Este pasaje muestra la actitud de Pablo y Silas, que en Tesalónica pusieron el sistema ‘patas para arriba’ y ubicaron a Cristo donde correspondía: en el protagonismo de la ciudad.
Los apóstoles cumplían con la tarea asignada por Jesucristo de llevar el evangelio, consolidar, discipular y guiar a las personas en el desarrollo del propósito de Dios para sus vidas.
Pero era común para ellos estar en medio de conflictos, amenazas, disturbios y persecución por expresar la fe en Cristo como Mesías.
Vivían en medio de una realidad que negaba sistemáticamente a Jesús como Hijo de Dios, y por eso, estaban en riesgo permanentemente.
Algo que caracterizaba al apóstol Pablo era el buscar compañeros de misión, y respaldarse en las iglesias que oraban por él, que lo sostenían en muchas oportunidades, y con las cuales se mantenía en contacto a través de las cartas.
Creo que sus amigos fueron fundamentales en su vida personal y ministerio. En cada viaje era hospedado, alimentado y acompañado, y hasta en la cárcel tenía un compañero de batalla. Era en sus amigos y hermanos donde encontraba el sostén emocional, tal como nos pasa a nosotros.
Como discípulos, nosotros también somos de diferentes maneras perseguidos o discriminados, puesto que vivimos tiempos turbulentos, en los que el mundo sufre como resultado de una pandemia que sigue amenazando la impaciencia; y la bronca, la intolerancia y demás emociones violentas ponen a la sociedad en un estado generalizado de alerta y temor.
Estamos viviendo en medio de esta sociedad, luchando con nosotros mismos para vencer nuestras propias debilidades y establecernos en la confianza y la fe que obtuvimos “en” y “por” Cristo, para así poder decir cada día: “todo lo puedo en Cristo porque me fortalece”
En estos tiempos quienes nos rodean están no encuentran fácilmente motivos para confiar y mucho menos, celebrar. Lo que nos une masivamente es el resistir la presión o conmoción interna que muchos no pueden resolver.
Por eso se hace más grande la necesidad y la urgencia de desatar la paz y la esperanza, el amor y la fe que renueva las fuerzas. Estoy segura de que escuchás y sabés de otras familias, hermanos, amigos y familiares que viven este tiempo bajo mucho stress, y tu cercanía para ellos es, o puede ser, un bálsamo emocional y espiritual.
En estos días orando con unas amigas por una tercera, Dios nos ayudó a experimentar “el poder del encuentro”, ponerse de acuerdo, hacer un frente común, pelear batallas ajenas…
Es tiempo de actuar de acuerdo a quienes somos en el Señor, de alzar la voz para hablar desde su corazón, de no ser prisioneros del sistema y la angustia generalizada, y reconocernos libres para establecer su Reino.
Nuestra esperanza puede ser más fuerte que la desesperanza.
Nuestra fe, más poderosa que la realidad.
Y nuestros pasos, más firmes que las débiles promesas del mundo.
Como Pablo, buscá esta semana un compañero de misión y, puestos de acuerdo en oración, avancen juntos para sostener a otros. Que cada uno en su lugar hable el evangelio y siembre la Soberanía de nuestro Señor. Hagamos entre todos una columna de oración y acciones esperanzadoras, en cada lugar donde estemos.
Ruth O. Herrera
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