Que Jesús sea mi Rey

Si de un tronco viejo sale un retoño también de la familia de David saldrá un nuevo rey.  El espíritu de Dios estará sobre él y le dará sabiduría, inteligencia y prudencia. Será un rey poderoso, y conocerá y obedecerá a Dios.  No juzgará por las apariencias, ni se guiará por los rumores, pues su alegría será obedecer a Dios. Defenderá a los pobres y hará justicia a los indefensos.

Isaías 11: 1-4 (TLA)

El reino de Dios es fundado por Jesús como el Rey, un soberano poderoso y compasivo. Me impacta esta descripción de un Rey que es feliz por obedecer a Dios y ayudar al desamparado. ¡Perfecta humildad!

Jesucristo vino para reinar, pero al instituir su reino en la tierra comisionó a sus amigos y seguidores a llevar su resplandor alrededor del mundo, como su propio ejército batallando contra las tinieblas.

Hoy el Reino de Dios se extiende a través tuyo y se establece en y por tu vida.  

Su reinado en tu vida comenzó cuando Jesús llegó a tu historia para darte una vida realmente diferente y plena. Él dió su vida para reinar en la tuya. Y la manifestación de su reinado en vos no se hace evidente por cuanto tenés de Dios, sino de cuánto Dios tiene de vos.

Podés ignorarlo, distanciarte, y subsistir cada día en tus propias fuerzas… sí, es posible, pero el resultado no será el mismo que Dios tiene pensado y diseñado de antemano para vos.

A veces vos y yo nos sentimos como frustrados, nos cuesta ver o valorar hasta nuestros logros, luchamos y trabajamos decididamente, pero la insatisfacción nos gana y los pensamientos de cierta desilusión van y vienen. Creo que es cuando tenemos que ir a los pies de Cristo y disponernos a entregar nuestra rutina para que Él sea el verdadero Rey de nuestros días.

A los pies del Señor y en Su Nombre vas sentir su renuevo y dejar de apoco la fatiga diaria de luchar solo/a.

Si él siendo el Rey de reyes se alegraba al hacer la voluntad del Padre y así mostraba una Gracia y absoluta misericordia… ¿por qué nos resistimos tanto a obedecer Su voluntad?

Al “vestirte” de Su gloria vas a ver tus prioridades diferentes en la simpleza de dar una palabra a alguien que seguramente la está esperando, acompañando a quien lo necesite y siendo provocador de paz.  Algo va a operar en tu vida, podés recibir visión de parte de Dios, porque la intimidad no provoca inactividad, sino un servicio.

El profeta Isaías declaró que de un tronco viejo saldría un retoño… y estoy segura que de nuestra sequedad, duda, inercia, comodidad, miedo a salir o pereza, el Espíritu Santo puede hacer brotar un rebrote de vida y un propósito renovado.

Dios quiere reinar en tu vida. 

Si de verdad recibís esta palabra que Él te da, la oscuridad que muchas veces se enseñorea sobre vos será más clara que el mediodía. Como una planta que das por perdida y no crees que pueda volver a reverdecer, y a punto de tirarla ves un pequeño brote que empieza a nacer.  Así describe esta profecía de Isaías la imagen del retoño para un pueblo que estaba acostumbrado a la inestabilidad, a ser deportado, colonizado a través del tiempo por las civilizaciones que los dominaban. Pero él recibió una visón que nadie creía posible, difícil y abstracta.

Sin una fluida amistad y relación con Dios vamos a vivir como esos troncos secos. Pero el Rey de la profecía nació y dió su vida por vos y por mi…

Si hoy te sentís como un tronco seco, Dios puede darte un retoño para que no dejes de brotar. Muchas veces la vida cristiana se va secando y es muy difícil renovarla porque poco a poco nos vamos alejando, descreyendo y provocando que nuestras ramas ya no tengan la savia suficiente… Pero El Rey se alegrará sobre tu vida si le das la mínima oportunidad de ser “el centro de tus deseos”. La profecía termina con una promesa que hoy también es para vos:

“Así como hubo un camino para Israel cuando salió de Egipto, habrá un camino de regreso para los que hayan quedado en cautiverio”

                   Ruth O. Herrera