¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
Santiago 5:14 (RVR60)
“El aceite se usaba también como medicamento en la antigüedad. Tanto en forma interna como externa. Sus cualidades emolientes y protectoras hacían que fuera un remedio valioso para los desórdenes gástricos, también eran conocidas sus propiedades como laxante suave. Era común su uso en forma externa como ungüento para contusiones y heridas” (Nuevo Diccionario Bíblico, Douglas J)
Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia;y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él.
Lucas 10: 30,33-34 (RVR60)
Hay varias citas en La Biblia donde el aceite se menciona como medicina. Era un uso común de la época. El samaritano de la parábola que Jesús contó vendó las heridas de un desconocido que había sido asaltado por ladrones y les puso aceite y vino.
En el evangelio de Marcos se menciona que también los discípulos del Señor continuaron con esa costumbre salieron, comisionados por Él, predicaron el evangelio, echaron fuera demonios, ungieron a los enfermos con aceite y los sanaron.
Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban.
Marcos 6:13 (RVR60)
Más adelante Santiago recomienda en su carta qué hacer cuando hay enfermos entre nosotros. Orar y ungirlos con aceite en el nombre del Señor.
Más allá de las propiedades del aceite, la fuente de sanidad para los enfermos está en Cristo. No en el poder de nuestra oración ni en el uso del aceite como fórmula ritual. Santiago nos recuerda también que Elías era un hombre como nosotros y oró y Dios respondió su oración.
¡Papá siempre desea responder a nuestra necesidad! Él quiere darnos lo mejor.
Esta semana estuvimos hablando sobre el aceite y sus usos. En el Nuevo Testamento es símbolo del Espíritu Santo. Es en nuestra comunión con el Espíritu que podemos en fe, orar para que los enfermos reciban la salud que el Padre quiere darles.
Las palabras oportunas inspiradas por el Espíritu Santo pueden cambiar el clima espiritual de los que te rodean. Vos y yo podemos desatar palabras que engendren esperanza de que una vida diferente sea posible. Dios quiere poner en nuestra boca una palabra que abra camino para lo nuevo, que convierta la sequedad y falta de propósito en expectativa de futuro.
Hay palabras que sanan, silencios que abrazan y miradas que aceptan si están guiadas por el amor y la compasión de Jesús.
Tenemos esta capacidad delegada por Cristo… podemos ser sanadores de muchas formas con actos sencillos. Sin grandes despliegues o espectacularidad, tal cual lo hizo el samaritano del cual habló Jesús. Él desato la cura en las heridas de aquella victima al detenerse, mirarlo y empatizar con su circunstancia.
Invirtió tiempo, le cedió su transporte, lo acompañó y busco una solución y también invirtió dinero… visto así parece un acto espectacular, pero todos los días hay víctimas de todo tipo a nuestro alrededor necesitando nuestro aceite.
Yo quiero ser portadora de palabras que transporten el amor de Cristo, no siempre lo logro, pero sigo intentándolo, porque tengo la certeza de que Él hará que lo que todavía no es, sea.
Mónica Lemos
