Mientras caminaban, se decían unas a otras: «¿Quién quitará la piedra que tapa la entrada de la tumba? ¡Esa piedra es muy grande!»
Marcos 16: 4ª
Alguna vez también me hice algunas preguntas infantiles sin aparente respuesta como la que encontramos en este pasaje. Y ante esas preguntas el Espíritu Santo me dio otra visión de este relato, del propósito de Dios para aquella caminata tempranera y del “para qué” de una piedra sellada y asegurada.
Realmente Jesús con su cuerpo glorificado no necesitaba una piedra corrida para salir del sepulcro. Eran ellas las que, haciendo la rutina y el trabajo acostumbrado por las mujeres, encontraron el verdadero sentido de creer sin ver.
Ellas no tenían ningún recurso o plan para correr aquella piedra, iban a ciegas, pero se tenían la una a la otra para compartir el camino, la dificultad, la duda, para hacer equipo y llorar juntas, para ponerse de acuerdo y enfrentar juntas la frustración.
Vos y yo estamos constantemente caminando en la encrucijada de creer o no en los milagros. Nos preguntamos y cuestionamos: ¿Cómo puedo mover esa piedra? Nos desalentamos y miramos la realidad bajo la lupa de lo natural, de nuestras propias fuerzas, sintiéndonos en una montaña rusa o a ciegas.
Esta reflexión nos toca de cerca porque, como pocas veces antes, en estos tiempos presentes caminamos a tientas en una ruta oscura y tenemos que redescubrir el poder de compartir el camino y de hasta llorar juntos.
«No se asusten. Yo sé que están buscando a Jesús, el que murió en la cruz. No está aquí; ha resucitado, tal y como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde habían puesto su cuerpo. Y ahora, vayan de inmediato a contarles a sus discípulos que él ya ha resucitado, y que va a Galilea para llegar antes que ellos. Allí podrán verlo. Éste es el mensaje que les doy.»
Mateo 28: 5-7 TLA
En aquella mañana todo se transformó: en lugar de sólo mantener una costumbre y el hábito del luto, ellas fueron elegidas para ser las primeras en trabajar en el ministerio primario de la iglesia… ¡Anunciar la resurrección!
Hoy, mañana, cada día, podés caminar la ruta hacia la tumba cerrada, pero si podés recordar las promesas de Jesús, que aún siguen vigentes, van a sobrarte motivos para correr a decirles a otros que Jesús resucitó.
Cristo está llamando a su iglesia a creer en las tumbas vacías, a salir a anunciar su resurrección y la vida plena. Hay una sociedad que sigue caminando hacia las tumbas de la tristeza, la falta de fe, la soledad, descreída de las nuevas oportunidades que Cristo manifestó cuando la piedra se movió.
¡Sí!, aunque sea muy pesada tu piedra, ¡puede moverse! No estás solo, sola en el camino. Hay otros que ya vieron la tumba vacía, hay ángeles que desde el cielo y en la tierra creen y siguen desafiando nuestra fe.
En eso, Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se acercaron a él, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces Jesús les dijo: «No tengan miedo. Corran a avisarles a mis discípulos, para que vayan a Galilea; allí me verán.»
Mateo 29: 9-10 TLA
Las mujeres no solo vieron la piedra movida y la tumba vacía, no solo escucharon seres angelicales anunciando la resurrección… la duda, la pregunta, fue totalmente respondida cuando el mismo Jesús les salió al encuentro, se interpuso en el camino para devolverles la esperanza y les asignó la gran oportunidad de ser las primeras en anunciar que la Vida había vencido a la muerte de una vez y para siempre.
¡Sí! Hoy, mañana, cada día, podés caminar la ruta hacia la tumba cerrada con la esperanza de encontrar la piedra corrida.
Ruth O. Herrera
