La gente le preguntó: — ¿Qué es lo que Dios quiere que hagamos? Jesús respondió: —Lo único que Dios quiere es que crean en mí, que soy a quien él envió. Entonces le preguntaron: — ¿Qué milagro harás para que te creamos? ¡Danos una prueba! Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto. Según la Biblia, el maná es el pan del cielo.
Jesús les contestó: —Les aseguro que no fue Moisés quien les dio el verdadero pan del cielo, sino Dios mi Padre. El pan que da vida es el que Dios ha enviado desde el cielo.
Entonces la gente le dijo: —Señor, danos siempre de ese pan.
Jesús les dijo: —Yo soy el pan que da vida. El que confía en mí nunca más volverá a tener hambre; el que cree en mí, nunca más volverá a tener sed. Como les dije, ustedes todavía no creen en mí, a pesar de que han podido verme. Todos los que mi Padre ha elegido para que sean mis seguidores vendrán a buscarme; y cuando vengan, yo no los rechazaré.
Juan 6: 28-35 TLA
Jesús se constituye en una figura difícil de entender al decir de sí mismo: “Yo soy el pan de vida eterna”
¡Qué interesante!
Si Él se presentara hoy y nos propusiera cambiar nuestro pasado ¿Qué respuesta daríamos nosotros? ¿Podríamos tener la capacidad de responder afirmativamente a esos cambios profundos que el Señor nos pide y no conformarnos solo con lo superficial?
Este es el gran desafío. Hemos entendido, como lo hizo aquella multitud, que Jesús estaba para saciar ciertas necesidades y nos cuesta entrar en un nivel de profundidad mayor que nos permita descubrir la fuente inagotable de satisfacción que hay en Él.
¡Qué bueno sería mirar al Señor con toda sinceridad y decirle la verdad: “muchas veces fracaso lo hago porque deseo cambios que no estoy dispuesto a sostener a través del tiempo”! A menudo quiero que las cosas cambien o que otros cambien en lugar de ponerme en marcha para cambiar yo.
Yo debo permitirle a Cristo que provoque ese cambio.
Pastor Milton Cariaga
El episodio del maná se da en el contexto de un pueblo que en el desierto se queja ante Moisés por la comida. Miran hacia atrás y piensan que, aunque en Egipto eran prisioneros, comían gratis… es entonces que Dios cansado de escuchar sus quejas envía el milagroso maná.
La gente que seguía al Maestro seguramente relacionó el milagro de la alimentación de los cinco mil con el maná que el pueblo había comido durante cuarenta años mientras marchaba hacia la tierra prometida. Tal vez hasta compararan a Jesús con Moisés. El Maestro les había dado pan y Moisés el maná.
Ellos conocían bien la historia por eso dicen “como está escrito”. Cristo los corrige al decirles que quien había hecho el milagro en el desierto no fue Moisés sino Dios.
Jesús se identifica con el pan como el alimento imprescindible para vivir. Él es el verdadero sustento espiritual, y sacia de manera permanente a todos los que lo reciben. Aquellos que voluntariamente van a Él no volverán a tener hambre.
El Señor reconoce en la necesidad inmediata una carencia mucho más profunda, porque afecta al sentido último y esencial de la vida. Seguramente esta gente, como la mujer samaritana junto al pozo, lo que esperaban era que ese Maestro les diera pan todo el tiempo para no tener que obtenerlo ellos. La samaritana le dijo, palabras más, palabras menos, dame esa agua así soluciono dos problemas: no tengo más sed y tampoco vuelvo a este pozo a buscarla.
Estos ejemplos nos muestran claramente la forma terrenal de pensar. Es natural querer satisfacer necesidades básicas. Para aquel que no es nacido del Espíritu es normal y esperable hablar de lo terrenal, porque vive y se desarrolla en una sola dimensión, la humana.
El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos.
San Juan 3: 31 (RVR60)
Cuando llegamos a Jesús, Él nos da todo por gracia, sin embargo, todos fuimos educados y entrenados por el mundo, que es un sistema opuesto a Dios. Por eso la Palabra insiste en que nuestra manera de pensar tiene que cambiar para ajustarse a los pensamientos de Dios. La única manera de hacerlo es alimentándonos de manera continua y consistente de este “Pan de vida”
Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
San Juan 3:12 (RVR60)
Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que estamos pensando y actuando de acuerdo a nuestra vieja naturaleza. Pero sin duda el Espíritu puede mostrarnos esta realidad si lo dejamos fluir en nosotros, y luego tendremos que reeducarnos de acuerdo con los parámetros del cielo.
Mónica Lemos
