Sin recompensa

Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho. Él les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.

Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: toma tu lecho y anda? Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar.

Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo. 

Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Juan 5: 10-16 TLA

Los religiosos casi escandalizados le dijeron al hombre sanado: ¿Cómo cargás tu lecho en el día de reposo? ¿Quién te dijo que lo hicieras? Entonces, recién en ese momento el ex paralítico buscó a Jesús porque se dio cuenta que no sabía quién lo había sanado.

Es ilógico pensar que después de 38 años de enfermedad este hombre no reparó en aquel que le había devuelto la posibilidad de caminar. En su ansiedad y asombro no tuvo en cuenta al autor de su nueva vida… su milagro fue más grande que su sanador. 

Fueron los religiosos, que sí sabían quién era Jesús, quienes lo increparon para poder acusar a Jesús, pero increíblemente él les dijo: “No sé dónde está”.  Fue al darse cuenta de esto que volvió para ver dónde estaba el desconocido que lo sanó y cuando lo encuentra Jesús lo enfrenta con la verdad… “no peques más para que no te venga un mal peor” 

Parece que el que ahora caminaba y no dependía de otros se sintió confrontado… quizás molesto y… podríamos decir que denunció a Jesús con quienes buscaban un motivo para acusarlo. Una más de las tantas traiciones que sufrió Jesús.

Otra vez quien debía amarlo lo negó. Parece que los seres humanos tenemos la capacidad de amar y servir tan a flor a de piel como de olvidar, abandonar e ignorar a quienes nos bendicen

¿Puede ser que alguien que recibió un don de Dios, la gracia incomparable de una sanidad, después no pueda tener el mínimo criterio o gratitud para saber quién lo sanó, ni respetar a quien le ha dado tanto y lo ha vuelto a la vida?  

Es muy difícil asumir los cambios, hasta nos puede enojar lo que Dios nos pide. De hecho, este era el contexto donde Jesús estaba en ese preciso momento, porque después tanto los religiosos como la gente que había visto el milagro lo buscaban en medio de la fiesta y decían: “Este es el Mesías, es el Señor. Yo he visto como el paralítico comenzó a andar”, pero otros decían “No. Éste es un mentiroso que engaña…”

 Jesús insistió con el hombre sanado a pesar de su falta de agradecimiento, y cuando lo volvió a ver terminó la obra que había comenzado con él diciéndole… “no peques más”

Piensen en el ejemplo de Jesús. Mucha gente pecadora lo odió y lo hizo sufrir, pero él siguió adelante. Por eso, ustedes no deben rendirse ni desanimarse, pues en su lucha contra el pecado todavía no han tenido que morir como él.

Hebreos 12: 3-4 TLA

¿Alguna vez te sentiste traicionado o decepcionado por alguien a quien ayudaste y mostraste amor? Cuando trabajamos por los demás, si esperamos la recompensa de parte de ellos, es muy fácil que seamos defraudados. Por eso todo lo que hagas… hacelo para Dios y no para los hombres.

Ruth O. Herrera