Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza. Yo, el Señor, lo afirmo.
Jeremía 29:11 DHH
Diciembre… un mes especial, y aunque no hay nada mágico ni especial entre el 31 de diciembre y el 1 de enero, en estos días pensamos en lo que pasó, lo evaluamos y también planeamos lo que vendrá.
Después de haber vivido el segundo año de mayor incertidumbre que recordemos parece que el 2022 puede ser otro gran desafío.
De algún modo estamos inconscientemente condicionados a que las cosas que esperamos se cumplan y expectantes de que lo que tiene que cambiar finalmente sea transformado. Es como si el nuevo año nos trajera una cierta esperanza y nuevas expectativas…
Todos de alguna manera pensamos en “sobrevivir”, pero vos y yo tendríamos que plantearnos “vivir en plenitud”.
Los planes de Dios están listos, preparados y si estamos dispuestos a hacer Su voluntad y aceptarlos podemos desarrollarnos en ellos. Pero tenemos que ajustar nuestra vida y ponernos en sus manos.
Nunca Dios debe ser el último recurso. “Si estás en las manos de Dios estás en las mejores manos”
¿Cómo vas a hablarle a un monte para que se corra y se tire en el río? ¿Te das cuenta de que con esta frase Jesús quiso ayudarnos a comprender que en Él todo es posible?
La mayoría de la gente recurre a Dios en momentos límites, y nosotros como sus hijos también lo hacemos muchas veces.
El hombre en general tira de la soga y en el límite del conflicto entonces le pide ayuda al Señor cuando ya parece todo perdido, pero la clave debe ser que Dios tiene que ser nuestro primer recurso.
Y se pusieron a decir a los israelitas que el país que habían ido a explorar era muy malo. Decían: —La tierra que fuimos a explorar mata a la gente que vive en ella, y todos los hombres que vimos allá eran enormes. Vimos también a los gigantes, a los descendientes de Anac. Al lado de ellos nos sentíamos como langostas, y así nos miraban ellos también.
Números 13: 32-33 DHH
Es muy posible que en los últimos veinte meses te hayas sentido “una langosta”, incapaz, con inseguridad y temor, y a la vez luchando por creer en una tierra nueva y mejor. Hoy te quiero preguntar: ¿Cuál es tu tierra?
Los espías enviados a la tierra prometida fueron doce, y la visión que ellos tuvieron de la realidad fue distinta. Miraron el lugar que fueron a explorar de acuerdo a la forma en que se veían a sí mismos.
Ellos se declararon incompetentes al decir: “somos como langostas delante de esos gigantes”, y el texto dice que a los enemigos también les parecían como insectos, porque cuando uno se ve como un piojo, como una langosta, los demás y las circunstancias parecen tomar autoridad.
¿Cuál es la tierra que vas a tomar dentro de unos días?
Es importante la visión que tengas, porque tu entorno no va a cambiar mágicamente, ni la sociedad va a ser muy distinta.
¿A quién vas a creerle? ¿Dónde vas a poner tu expectativa? ¿En tus temores, en las noticias, en lo que sufriste o sufrís?…
Sean fuertes y valientes, pues Dios peleará por ustedes; no tengan miedo de esos países, porque Dios no los abandonará».
Deuteronomio 31: 6 TLA
Tu tierra puede albergar y recibir a otros. Tu esperanza y tu fe pueden ser clave para quienes te rodean. Podés ser una “vacuna” de equilibrio porque el Espíritu Santo puede pelear tus batallas con vos para que tomes una nueva tierra y te sientas como un gigante en lugar de una langosta.
Ruth O. Herrera
