Entonces el Señor extendió la mano, me tocó los labios y me dijo:«Yo pongo mis palabras en tus labios. Hoy te doy plena autoridad sobre reinos y naciones, para arrancar y derribar, para destruir y demoler, y también para construir y plantar.»El Señor se dirigió a mí, y me dijo: «Jeremías, ¿qué es lo que ves?» «Veo una rama de almendro» —contesté.«Tienes razón —me dijo el Señor. En efecto, voy a estar atento a que mis palabras se cumplan.»
Jeremías 1:9-12 (DHH)
Cuando Jeremías recibe el llamado y dice “si solo soy un niño”, Dios le responde: “no digas que eres un niño porque yo a donde yo te envíe vos vas a ir lo que yo te diga vas a hablar y te he puesto aquí para arrancar y para destruir y también para plantar y edificar”
Esta es la iglesia que viene: “Arrancar y destruir lo que no es bueno”, a veces tenemos la sensación de que el mal triunfa sobre el bien, pero el mal está acabado, sabe que tiene un fin y Dios quiere levantar una iglesia que sepa arrancar, que sepa destruir lo que no es de Él, lo que destruye a los niños, a los adolescentes, a los jovencitos hoy.
Quiere levantar una iglesia poderosa que sea capaz de entender los tiempos, una iglesia que si tiene que ser una iglesia joven lo sea.
No importa la forma, aunque seamos gente de ochenta años la iglesia tiene que tener un espíritu joven. Seamos gente no de la edad sino del tiempo de Dios.
Seamos gente que puede renovarse, no es reír por reír, no es estar contento por estar contento, es disfrutar de la presencia de Dios, de que ha sido nuestro Salvador y nuestro Redentor. Papá piensa en una iglesia que arranque lo destructivo, una iglesia que destruya lo que debe destruir en el nombre de Jesús, una iglesia que plante y edifique un tiempo nuevo.
Yo lo creo que no es con fuerza, no es con ejército humano, no es con intelecto… es con su Espíritu. Veámoslo, aunque todavía no ha aparecido. No te confundas con que tienen que pasar cosas extraordinarias. Lo que vendrá será prosperado por la Palabra que Dios nos ha de dar, cualquiera que sea tu dificultad, vení a la presencia de Dios zambullite en la presencia de Dios.
Pastor Hugo Herrera
La Biblia está llena de ejemplos de la agricultura que la gente podía entender fácilmente porque estaba relacionado directamente con su realidad de todos los días. Por eso a Jeremías el Señor le dice que lo ha puesto para arrancar y destruir.
Cuando vos comprás un terreno, si querés edificar una casa primero tenés que limpiarlo, si no hay ninguna construcción anterior tenés que arrancar la maleza, cortar pasto, preparar la tierra y cavar profundo para colocar los cimientos. Si el terreno ya está edificado tendrás que destruir la casa vieja para poder edificar una nueva, de acuerdo a tu gusto y tu necesidad. No suele ser un trabajo agradable, se acumula suciedad y polvo, hay escombros que tenés que sacar y además no tenés todavía nada nuevo construido así que trabajás por fe, viendo la futura edificación que reemplazará a la que había o imaginándote cómo se verá la casa que soñaste en un terreno que por ahora está lleno de yuyos…
La iglesia del nuevo tiempo va a tener que arrancar la maleza que el enemigo ha sembrado durante mucho tiempo y hoy cubre mucho terreno, cada vez avanza más rápido. La violencia, los hogares desmembrados, la rivalidad manifiesta entre hombres y mujeres, la exclusión social, la apología del consumo de drogas y alcohol como algo canchero, el consumo desmedido y la hiper valoración del poder, del dinero y la fama… Estas son solo algunas cosas que vemos todos los días y forman parte de nuestra historia presente.
Si estudiamos la historia pasada podemos observar que los grandes avances en educación, arte, salud e inclusión vinieron a través de los cristianos, por más que la corriente actual de revisionismo histórico, sesgada por sus propios intereses quiera hacer un relato diferente.
Este es un tiempo en el que la iglesia deberá recibir palabra directa de parte de Papá para poder derribar lo que se ha levantado en contra de Su voluntad, tener consciencia de que es un proceso, pero disponer nuestro espíritu, nuestro corazón y nuestra voluntad para volver al corazón del Rey y desde ese lugar comenzar los cambios que sean necesarios.
Mónica Lemos
