Él hace que todo el cuerpo encaje perfectamente. Y cada parte, al cumplir con su función específica, ayuda a que las demás se desarrollen, y entonces todo el cuerpo crece y está sano y lleno de amor.
Efesios 4: 16 (NTV)
Cuando yo tomo mi lugar y sostengo al que se cayó, cuando no espero que venga otro que es el que debería hacerlo, cuando no asumo el papel de espectador y miro qué hicieron y qué no hicieron por qué pasó algo o no y quién estuvo y quién no, bajo de la tribuna y decido ser iglesia con aquel que la está pasando mal edifico ese tipo de iglesia que no demanda dos horas el domingo, una tarea en el culto o un lugar de servicio, sino un corazón y una vida entregada las veinticuatro horas del día. Requiere que puedas postergar tu vida para que el otro esté bien. Y yo no soy ejemplo de eso, pero Jesús sí lo fue. Él dejó todo y fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz, es un pasaje que a mí me mata. Y cuando pienso que estoy haciendo mucho y digo “la verdad es que más no puedo hacer” recuerdo que Jesús hizo más y yo no soy nadie al lado de Jesús. Eso está clarísimo, pero se puede y a veces no es cuánto hagas sino el empezar, no es lo que se ve a partir de tu obra sino lo que eso desata en los cielos a partir de tu obediencia.
El Señor está trabajando hay una continuidad, no es algo que empezó hoy porque a Jesús se le ocurrió verte, porque te encontró. Su deseo por trabajar en tu vida viene desde antes de que seamos traídos a este mundo y es algo que pretende continuar y perfeccionarlo hasta que estés cara a cara con Él.
Pastor Cristian Centeno
El cuerpo humano está formado por diversas partes, todas son necesarias para que podamos vivir normalmente. Cuando todo funciona bien, generalmente no somos muy conscientes de la maravillosa precisión con la que fuimos creados. Nuestro cuerpo es una máquina perfecta. Cada órgano, cada miembro cumple su función silenciosamente y sin cesar, como un mecanismo de relojería. Nosotros damos este milagro por sentado y cada mañana nos levantamos de la cama, estiramos nuestros brazos, bajamos los pies y nos dirigimos a nuestros quehaceres cotidianos.
Ahora ¿Alguna vez, por ejemplo, tuviste tendinitis y debiste permanecer con el brazo derecho inmovilizado por tres meses? En caso de que seas diestro es muy incómodo, ya que el brazo izquierdo, que no es el que más utilizás, se ve forzado a realizar un doble esfuerzo… todo te cuesta más, te sentís lento y hasta torpe y es muy probable que necesites ayuda para realizar tareas que antes te resultaban muy sencillas. El apóstol Pablo utiliza esta figura del cuerpo para ilustrar la forma en que idealmente debe funcionar la iglesia. Cristo hace que cada parte encaje perfectamente y cuando cada uno cumple su función específica ayuda a que los demás también se desarrollen y crezcan.
Este concepto de la iglesia como cuerpo también se menciona en la carta a los Corintios
Pero nuestro cuerpo tiene muchas partes, y Dios ha puesto cada parte justo donde él quiere. ¡Qué extraño sería el cuerpo si tuviera solo una parte! Efectivamente, hay muchas partes, pero un solo cuerpo. El ojo nunca puede decirle a la mano: «No te necesito». La cabeza tampoco puede decirle al pie: «No te necesito».
1° Corintios 12:18-21 (NTV)
En este caso el énfasis está puesto en la interdependencia. Pablo nos está diciendo ¡Cada uno de ustedes es necesario para el otro!
En este tiempo El Señor quiere recordarte que sos necesario porque para Él sos importante. Él te colocó como parte de Su cuerpo justo donde quería que estuvieras. Si podés reconocerte de ese modo la iglesia tiene asegurado su crecimiento en armonía.
Mónica Lemos
