Consagrar nuestros días

Al oír las palabras de la ley, la gente comenzó a llorar. Por eso el gobernador Nehemías, el sacerdote y maestro Esdras y los levitas que enseñaban al pueblo les dijeron: «No lloren ni se pongan tristes, porque este día ha sido consagrado al Señor su Dios».  

Nehemías 8:9 (NVI)

Yo anhelo, y quiero decírtelo, que tus días sean consagrados para Dios,  que puedas ir a Él de una manera diferente, no por costumbre ni porque asistís a la iglesia sino porque entendés que Dios te espera.

Él es una presencia viviente, por eso tener a Dios en la vida no es tener un amuleto sino tener una relación con una persona. El Espíritu Santo de Dios vino para ser tu ayudador y estás en relación con Él,  podés establecer una relación continua, diaria… constante con Él.

Teilhard de Chardin, un teólogo católico extraordinario dijo: “el hombre no es un ser humano en búsqueda de una relación espiritual sino es un ser espiritual inmerso en la experiencia humana” y eso cambia la óptica ¿Por qué? Porque cuando yo no estoy cerca de Dios, lo sepa o no lo sepa, hay algo que me falta. No sé si alguna vez te sentiste constantemente frustrado o insatisfecho  y no sabés bien qué te pasa. Cuando buceás un poquito sentís que algo te falta,  a veces lo que te falta es esa  relación, esa presencia de Dios que está pero se te escapó y te sentís lejos de Dios.

Víctor Frankl, un gran terapeuta escribió un libro que se tradujo en castellano como “La presencia ignorada de Dios” y en él dice “cuando el hombre no se arrodilla ante Dios, generalmente se arrodilla ante cualquier ídolo, pero cuando puede arrodillarse ante Dios entonces Él lo levanta y le entrega la misión”.

Cuando encontramos el sentido de la vida aparece esa conciencia de misión, la conciencia de que no estamos aquí por casualidad.

Al buscar a Dios por protocolo no va a pasar absolutamente nada, pero cuando insistís, Dios entrega esa conciencia de misión y volvemos a recuperar el valor de la vida que muchas veces hemos perdido. Esto sucede porque Dios nos ha encontrado.

Volver a encontrar una misión, volver a saber que no estamos por casualidad en esta vida es algo maravilloso. El valor de estar ante Dios es único, irrepetible y puede cambiar tu vida para siempre.

Pastor Hugo Herrera

La idea de consagrar nuestros días puede sonar general y hasta algo mística. Muchas veces cuando queremos tomar decisiones para el Señor solemos ir a los extremos y en un momento decimos cosas como “te consagro mi vida” y es sincero y genuino, lo decimos de todo corazón porque sabemos que es lo mejor para nosotros. No obstante, luego esa decisión debe ser actualizada, porque nuestra vida se compone de días, semanas, meses y años.

Si creemos que con consagrarnos una sola vez alcanza, pronto nos encontraremos viviendo día tras día, sumergidos en el devenir cotidiano sin tener demasiada conciencia de que el Señor desea nuestra cercanía. Por eso, en un momento miramos hacia atrás y nos pasa como al pueblo, estamos en “otra tierra”. Pero maravillosamente Papá nos lleva de regreso a nuestro lugar de pertenencia.

Al escuchar Su Palabra nuestro espíritu la reconoce y vuelve a estar en su eje. Recuperamos eso que nos faltaba y ni siquiera podíamos identificar qué era o, mejor dicho, quién era.

Nehemías, Esdras y los levitas fueron muy sabios al recordarle al pueblo: “este día ha sido consagrado al Señor su Dios”.

Cada vez que leemos este texto “este día” puede actualizarse y no solamente referirse a un momento histórico que vivió el pueblo de Dios al regresar a su tierra sino, por la obra del Espíritu, entender y asumir que también es este día, el día de hoy, martes, en el momento mismo en que estoy leyendo el devocional. Este día ha sido consagrado porque yo decidí apartarlo, entregarlo, presentarme ante Dios.

La idea de consagración, purificación o limpieza era muy conocida por el pueblo de Dios, también formaba parte de su historia fundacional. Después de que una generación dio vueltas por alrededor de treinta y ocho años sin llegar a entrar a la tierra prometida, Josué les había dicho a la nueva generación:

Josué, por su parte, le dijo a todo el pueblo: «¡Prepárense para presentarse ante Dios! Mañana Dios hará un gran milagro entre nosotros».

Josué 3:5 (TLA)

¿Cuál fue la maravilla? Que todo el pueblo pudo cruzar el Jordán en seco y avanzar hacia la tierra con la seguridad de que Dios desalojaría a los enemigos y ellos podrían habitar en paz. Pero primero tenían que prepararse, limpiar lo que les estorbaba, consagrarse al Señor.

El resultado de esa preparación fue que el Señor dividió las aguas y las contuvo para que ellos cruzaran un río sin mojarse los pies.

Para ellos el valor de presentarse ante Dios cambió sus vidas para siempre.

Este día (el día de hoy) ha sido consagrado al Señor nuestro Dios.

Esta posibilidad sigue estando disponible para nosotros que somos su iglesia. Está esperando que la actualicemos. Vos y yo podemos decir junto con Nehemías, Esdras y los levitas

Mónica Lemos