Los sabios volvieron a decirle: —Si Su Majestad nos cuenta lo que soñó, nosotros le diremos lo que significa.
El rey les dijo: —Creo que ustedes quieren ganar tiempo. Se están poniendo de acuerdo para decirme puras mentiras. Pero mi decisión no va a cambiar. Díganme qué fue lo que soñé, y así sabré que son capaces de decirme lo que significa. Si no me lo dicen, mandaré que los castiguen a todos.
Los sabios se defendieron: —Nunca ningún rey, por más poderoso que fuera, les ha pedido a sus sabios y adivinos responder a algo tan difícil. Ni hay nadie en el mundo capaz de adivinar lo que Su Majestad quiere saber. Tal vez los dioses podrían darle una respuesta, ¡pero ellos no viven en este mundo!
Al oír esto, el rey se enojó mucho y mandó que mataran a todos los sabios que vivían en Babilonia, así que también buscaron a Daniel y a sus amigos, para matarlos.
Daniel 2: 7-13 TLA
A las claras se ve que los adivinos estaban asustados y sin ninguna respuesta. Todo lo que tenían eran argumentos falsos y explicaciones que no convencían a un rey desconcertado y lleno de ira, que buscaba respuestas a cualquier precio. Todos corrían peligro de vida, ellos y sus familias. Estaban frente a un problema sin solución…
De nada le servía tener tantos súbditos y elementos mágicos o amuletos. Nabucodonosor estaba realmente solo frente a su dilema y esta vez no estaba dispuesto a perdonar a quienes lo defraudaran.
Tanto enfureció al rey la respuesta de los astrólogos que mandó ejecutar a todos los sabios de Babilonia. Se publicó entonces un edicto que decretaba la muerte de todos los sabios, de modo que se ordenó la búsqueda de Daniel y de sus compañeros para que fueran ejecutados.
Daniel 2: 12-13 NVI
Daniel y sus amigos sin siquiera haber sido convocados ante el rey fueron sentenciados a muerte. Es increíble… pero ellos estaban juntos en las buenas y las malas.
Juntos debían enfrentarse ante la ira que no habían provocado, pero tenían un respaldo sobrenatural.
La injusticia de la tierra se cruzaría con la justicia del cielo y se podría ver que el Dios hebreo era (ES) el Creador y quien los cuidaba. Era momento de vida o muerte y aquellos amigos se enfrentaban a una circunstancia sin solución aparente.
Llegaron juntos a Babilonia y también juntos enfrentando los cambios y exigencias y ahora juntos se enfrentaban a una muerte inesperada.
En tiempos difíciles estar cerca de quienes tiene nuestra fe, nos sostiene y enfoca en nuestro Señor. Compartir sus promesas y esperarlas juntos es una gran bendición. Creer esto hoy es nuestro desafío porque muchas veces la sociedad y quienes no entienden nuestra fe, nos ponen entre la espada y la pared y también caemos en injustas acusaciones, discriminación, o falta de credibilidad… todos caemos en “la misma bolsa” de quienes actúan apresuradamente, o se arriesgan dando promesas falsas o tienen un testimonio dudoso. Somos observados por nuestro estilo de vida y nuestras convicciones, criticados y hasta nos llegan a mirar con desconfianza, por ser fieles al Señor.
Es en esas circunstancias que CORDÓN DE 3 HILOS es nuestra garantía.
Alguien que está solo puede ser atacado y vencido, pero si son dos, se ponen de espalda con espalda y vencen; mejor todavía si son tres, porque una cuerda triple no se corta fácilmente.
Eclesiastés 4: 12 NTV
¿Te paso alguna vez que tuviste que «pagar platos rotos por otros»?
¿Fuiste injustamente acusado/a?
La iglesia a través del tiempo fue observada con desconfianza muchas veces y el estar juntos es una bendición cada vez que somos juzgados.
Entonces Daniel regresó a casa y contó a sus amigos Ananías, Misael y Azarías lo que había ocurrido. Les rogó que pidieran al Dios del cielo que tuviera misericordia y les revelara el secreto, para que no fueran ejecutados junto con los demás sabios de Babilonia.Esa noche el misterio le fue revelado a Daniel en una visión.
Daniel 2: 17-19 NTV
Los amigos en Cristo son doblemente amigos en los tiempos de crisis, los une el amor y el Espíritu Santo, y en el caminar juntos crecen en la amistad con Dios.
Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir. ¡La cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente!
Ruth O Herrera
