Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4.12 (RVR60)
(Énfasis del autor)
En épocas pasadas estaban de moda las historietas. Cuando yo era chica me gustaban varias: Patoruzú, Mafalda… los personajes típicos argentinos que estaban dibujados y sus palabras se registraban en una especie de nube que estaba arriba, a la derecha del personaje. Si el personaje hablaba la nubecita tenía un triangulito que iba hacia su boca, en cambio si pensaba de la punta de la nubecita salían tres globitos o burbujas. De esa manera podías diferenciar diálogos o palabras en voz alta de los pensamientos.
En la vida real es diferente. Abrimos nuestra boca y hablamos, pero los pensamientos permanecen en nuestro interior. No son accesibles a nadie, a menos que queramos compartirlos. Es más, continuamente pensamos. Podemos estar charlando con alguien y pensando en otra cosa. Nuestro interlocutor no puede saber qué estamos pensando. A veces cree que sabe y en realidad prejuzga de acuerdo al concepto que tiene de nosotros… en cuanto a las intenciones, generalmente creemos que las nuestras son buenas y si el otro no nos cae bien inmediatamente dudamos o directamente le atribuimos malas intenciones. Es humano.
Hace unos días un predicador dijo: “Siempre tengo la idea recurrente de que si ustedes conocieran todos los pensamientos que pasan durante un día por mi cabeza nunca más me invitarían a predicar”. Reconocía que vez tras vez tenía que ir al Señor y pedir su auxilio para que sus pensamientos se enfocaran en la dirección correcta. Lo bueno de esa experiencia es que tenía certeza de que cuando se arrepentía de pensamientos egoístas, sueños de grandeza personal o aun deseos de venganza que no expresaba, el Señor estaba listo para perdonarlo, recibirlo con amor y hacerlo tomar conciencia nuevamente de su llamado.
Durante esta semana vimos que la Palabra de Dios es viva, eficaz, cortante como espada y además penetra hasta lo más profundo del ser.
Además tiene la capacidad de discernir no solo nuestros pensamientos sino también las intenciones de nuestro corazón.
Cuando leo esto agradezco profundamente la gracia y el amor incondicional de Dios. Soy consciente de que mis pensamientos no siempre se encaminan hacia el bien y también de que muchas veces creo que tengo buenas intenciones, pero a la luz de la Palabra mis intenciones humanas no siempre están en armonía con las intenciones de Dios.
Cuando leemos La Palabra se produce un efecto espejo, Las Escrituras también nos leen, por así decirlo y disciernen. No se equivocan. Tamizan, separan. Diagnostica la verdadera condición espiritual en la que estamos. Su función no es condenar, sino corregir y enderezar, guiar el proceso en el que aprendemos a pensar como Cristo.
¿Qué leerían los demás si tus pensamientos pudieran verse como en las caricaturas?
…Termina esta semana dándote la oportunidad de examinar en qué dirección van más recurrentemente tus pensamientos según la verdad de La Palabra…
Dios te lee y quiere provocarte a los pensamientos de bien
Y ahora, amados hermanos, una cosa más para terminar. Concéntrense en todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bello y todo lo admirable. Piensen en cosas excelentes y dignas de alabanza.
Filipenses 4: 8 NTV
