Por eso, es necesario que se acepten unos a otros tal y como son, así como Cristo los aceptó a ustedes. Así, todos alabarán a Dios.
Romanos 15: 7 (TLA)
Todos tenemos una profunda necesidad de ser aceptados por otros. Tal vez tu primera respuesta a esta afirmación sea “yo no” ¿estás seguro?
Es probable que la diferencia esté no en la aceptación como concepto sino en aquellos de quienes esperás recibirla. Incluso los rebeldes, aquellos que se jactan de no encajar en las normas establecidas, buscan la aprobación de otros rebeldes. Esto suele ser evidente en los adolescentes, pero es común a los adultos también.
Te doy un ejemplo simple, la moda. Cuando algo se pone de moda, sea una prenda, un corte o color de cabello, una forma determinada de hablar, poco a poco la mayoría la usa. Si esto no sucediera, las empresas no gastarían fortunas en publicidad para convencernos de que consumamos sus productos, o usemos una indumentaria determinada.
Es más, algunas formas de vestir que nacieron como respuesta de rebeldía hacia el sistema de consumo imperante, con el tiempo se transformaron en modas y fueron adoptadas masivamente. Menciono un caso, el origen de la tendencia de usar los jeans rotos surgió en ciertos movimientos contraculturales de los años 70, especialmente el punk.
Antes de que usar pantalones rotos fuera una declaración anti sistema, la ropa rota estaba asociada con las clases obreras y pobres que no podían renovar sus prendas muy a menudo.
Con el correr del tiempo algunas estrellas del mundo del espectáculo comenzaron a usarlos y los impusieron en el mercado. En la actualidad, en algunos países de Europa, un jean desgarrado, según la marca, puede costar 300 euros.
Llevar un jean roto, o sin dobladillo; un pulóver sin puños en las mangas; un mechón de cabello pintado de otro color; o utilizar determinados términos indican cierta pertenencia. No lo analizamos ni lo reconocemos así. Lo incorporamos sin cuestionar. Simplemente “nos gusta” …
¿Está mal estar a la moda? No, pero es sabio detenernos a pensar “qué es lo que nos queda bien” y resalta nuestra individualidad y qué nos convierte en copia de otro modelo y nos despersonaliza.
Los cristianos a menudo ingresamos también en modas eclesiásticas. Utilizamos determinadas expresiones, copiamos algún sistema que dio resultado en otra iglesia sin tener en cuenta la idiosincrasia de nuestra comunidad. No lo hacemos con mala intención. Solo queremos obtener buenos resultados. Pero haríamos bien en preguntarnos por qué hacemos o no lo que hacemos. Cada comunidad es única. Tiene características propias. Papá no quiere que ninguna moda nos aleje del plan específico que tiene para nosotros.
¿Qué es lo fundamental? Saberse aceptado y amado incondicionalmente por Cristo tal y como uno es. Y, como resultado de eso, aceptar de la misma manera a mis hermanos. No porque está de moda ser inclusivo, sino porque el amor de Papá no hace diferencias entre las personas. Él envió a su Hijo a morir por todos. Su amor abarca a la humanidad entera, aun a aquellos que lo rechazan. Esa es la base de nuestro amor y aceptación.
Hay una expresión que se impuso, de la mano con la tecnología, para indicar que tenemos que cambiar la manera de pensar “cambiá el chip”. Es sencillo ¿De verdad? Cambiar un chip es fácil, podés hacerlo en pocos segundos. Sacás el adminículo de su lugar y colocás otro. Listo.
La gran diferencia es que nuestra cabeza no está diseñada de la misma manera. Los pensamientos se han arraigado durante toda nuestra vida y muchas veces están tan asentados que lleva mucho tiempo y trabajo reconocerlos, entregarlos para que Papá los moldee y luego proceder de acuerdo con los que Él quiere darnos y forman parte de nuestra nueva naturaleza. Es un proceso. Hay que ir paso a paso…
Hoy el Señor te pregunta si estás dispuesto a aceptar a otros de la misma manera en que fuiste aceptado por Él. No es fácil, es una tarea que va más allá de utilizar ciertas palabras, gestos o rituales sociales. Implica reconocimiento y renuncia.
¿Te gustaría formar parte de una comunidad que reciba y acepte a los demás tal como son, sin condiciones? Ese es el diseño que Jesús quiere para su iglesia. Esa es la parte que vos podés hacer. El Espíritu Santo es el que transforma las vidas. Vos solo tenés que recibirlas como Cristo hizo.
Mónica Lemos
