Estoy segura de que, si yo te preguntara si sabemos esperar, tu respuesta rápidamente sería: ¡Sí!
Pero si nos ponemos a pensar en diferentes situaciones de todos los días, quizá nos demos cuenta de que sí nos cuesta esperar un poco.
Por ejemplo, si fuimos al pediatra y había algunas personas antes que nosotros… si acompañamos a alguien al súper y había una fila larguísima… o si estamos haciendo un viaje y no dejamos de preguntar: “¿Ya llegamos?”
Parece que siempre estamos apurados por hacer lo próximo, y si pedimos algo, lo queremos ¡YA!
Hace muchos años, cuando yo era chica, todo llevaba más tiempo. Hoy lo pienso y me parece una locura.
Tenía una prima que vivía muy lejos. Hoy, sin pensarlo mucho, si quisiera contarle algo, solamente tendría que mandarle un mensaje por el celu y listo. Pero en ese entonces no era así: tenía que sentarme, pensar qué escribir y enviarle una carta. Esa carta demoraba varios días en llegar, ¡y la respuesta podía tardar hasta un mes!
Si lo pensamos bien, antes muchas cosas llevaban más tiempo.
Les propongo que charlen en casa: ¿qué otras cosas tenemos que esperar menos que antes?
Esperar y ser pacientes es un ejercicio. La practicidad y la tecnología muchas veces no nos ayudan a ponerlo en práctica, porque cada vez esperamos menos por las cosas. Y cuando alguien nos dice que tenemos que esperar, nos impacientamos y solemos enojarnos, creyendo a veces —sin razón— que no somos importantes para la persona que nos hace esperar.
Algo similar nos puede pasar cuando oramos y le pedimos algo a Dios. A veces, su respuesta es super rápida y otras veces no tanto. Lo que si debemos estar seguros es que Dios si oyó nuestra oración. Él siempre nos escucha, siempre está atento a nosotros. Pero qué pasa cuando no hay respuesta. Es ahí, donde tenemos que poner en marcha ese “ejercicio” de ser pacientes. Seguis orando por eso, sabiendo que Dios nos ama y nos escuchar. Y su respuesta a eso que pedimos llegará. Cuando esperamos la espera se hace larga…. Te cuento… en la biblia hay una historia de unas personas que oraron por 40 años esperando la respuesta de Dios sabían que lo El tenía era lo mejor para ellos. Y el día que su respuesta llego estaban felices.
