Cumpliendo nuestra promesa

Cumpliendo nuestra promesa

Es algo seguro y real que Dios cumple sus promesas en cada uno de nosotros, eso lo tenemos todos muy claro. ¿verdad? Pero cuando nosotros le prometemos a Dios algo, ¿cumplimos, así como Dios cumple con nosotros?

Esto no es un reproche, tampoco es para que nos sintamos culpables. Porque lo que le prometemos no es imposible de cumplir.

En nuestra Biblia, en el Salmo 119:29-30 podemos leer:

“No me dejes decir mentiras; ¡por favor, enséñame tu palabra. Dios mío, no me hagas quedar mal, pues confío en tus mandamientos y he decidido obedecerlos.”

Este salmo nos enseña a pedirle a Dios que nos ayude a no hacer algo que, justamente a Él no le gusta, y es decir mentiras. Y como el salmista, también le pedimos no quedar en ridículo o en vergüenza delante de nuestros amigos…, y ¿sabes una cosa?  Nuestro gran Dios nos da lo que le pedimos, porque esa es su promesa. Jesús nos enseñó a pedir sabiendo que nos da lo que le pedimos.

No decir mentiras ni quedar en ridículo es súper bueno, porque vamos a brillar con nuestras buenas acciones.

Pero si seguimos leyendo, el salmo de Alef, también nos enseña que “tenemos que decidir obedecerlo” O sea, obedecer lo que nos enseña La Biblia.

Y, en esa obediencia tendremos vamos a ser como Jesús, vamos a estar cerca de muestro Gran Papá.

Alef nos propone obedecer lo que a Dios le agrada.

En cada devo aprendimos cómo acercarnos mas a Dios cumpliendo sus mandamientos.  Y si no te acordas cuales son, te digo algunos:

Amar a Dios. Amar al prójimo. No tener envidia. No desearle cosas malas a los demás y quedan algunas más.

Y lo más buenísimo es que cumplir esa promesa nos hace felices.

Así que, dale, ponente las pilas, mira que nunca es tarde para empezar a hacer las cosas bien.