Creo pero no tanto

Jesús, otra vez muy conmovido, se acercó a la tumba. Era una cueva, cuya entrada estaba tapada con una piedra. Jesús dijo:—Quiten la piedra.Marta, la hermana del muerto, le dijo:—Señor, ya huele mal, porque hace cuatro días que murió.Jesús le contestó:—¿No te dije que, si crees, verás la gloria de Dios? Quitaron la piedra, y Jesús, mirando al cielo, dijo:—Padre, te doy gracias porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas, pero lo digo por el bien de esta gente que está aquí, para que crean que tú me has enviado. Después de decir esto, gritó:—¡Lázaro, sal de ahí!

Juan 11: 38-43 DHH

Jesús tenía muchos amigos, pero había algunos más cercanos a su corazón: Lázaro, María y Marta, que eran de Betania, eran no solo amigos, sino hospedadores del maestro. Se ocupaban de él, le proveían un lugar cómodo, buena comida, un ambiente sustentable y agradable para los días en que él podía descansar de sus largas caminatas pueblo a pueblo.

Jesús le contestó: —Las zorras tienen sus cuevas, y las aves tienen nidos, pero yo, el Hijo del hombre, no tengo ni siquiera un sitio donde descansar.

Lucas 9:58 TLA

Jesús no tenía casa, no tenía ni cama, ni un espacio propio para guardar sus cosas. Muchos lo invitaban a sus casas, él generaba amistad y buen trato, por eso la gente quería estar con él. Pero en Betania tenía su lugar especial con sus amigos. Al llegar el maestro relataba sus historias, sus viajes; los milagros y los detalles de su vida se escuchaban en esa casa, donde seguramente pasaban largas horas. Los hermanos y sus discípulos se enteraban de cómo el ministerio de Jesús iba en progreso. Seguramente muchas cosas que no se registraron en los evangelios, pero aquellos grandes amigos conocían los detalles. Largas charlas de sobremesa donde se recordaba milagro tras milagro.

Jesús quiso que su amigo no solo escuchara de su amor, sino que tuvieron una experiencia personal y única. ¡Quería que Lázaro lo conociera aún más! Todo lo que conocía de Jesús quedaría opacado por lo que sucedería.

El día en que Jesús recibió la noticia de que Lázaro estaba enfermo generó un plan de mayor amistad para darle a su amigo una oportunidad única, para mostrar su poder infinito, y para eso Lázaro sería su aliado en su muerte.

La muerte de un amigo, de un amado, es siempre terrible, pero Jesús tenía algo inesperado. Marta, María y Lázaro conocían la verdad y las enseñanzas, pero ahora era tiempo de algo más…

Sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para conocer al Dios verdadero. Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su Hijo Jesucristo.

1° Juan 5:20 DHH (Énfasis del autor)

Los secretos, lo profundo de vivir en la plenitud del Espíritu, siempre tienen un costo: renunciar a nuestra forma de pensar y de creer, renovar nuestra estructura y razonamiento para lanzarnos a lo inesperado, con la única certeza de que el Espíritu Santo tiene preparadas nuevas obras y un despertar diario a los milagros. Lo que creemos, pero no tanto.

 

Ruth O. Herrera