A pesar de todo

Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito.

Romanos 8: 28 (PDT)

Este es un texto muy conocido. Pablo afirma que Dios obra siempre para bien en nuestras vidas, sea cual fuere la situación.

Ahora bien, cuando estamos atravesando un tiempo difícil, nuestra mente entra en conflicto con esta verdad porque no podemos ver de qué manera obrará para nuestro bien.

Aunque sabemos que lo que la Escritura declara se cumplirá,  a menudo no podemos experimentar esta certeza sino que caminamos como a tientas en medio de la niebla de la crisis.

Pensé en una historia bíblica que sirviera de ejemplo y me acordé de la vida de José. Puede parecerte muy obvia, pero también muy lejana a tu experiencia de vida. Él sufrió todo tipo de injusticias y para colmo, de parte de su propia familia. A pesar de todo y en medio de las peores situaciones, la Escritura aclara que Dios estaba con él y todo lo que hacía prosperaba.

No sé vos, pero cuando leo y releo esta biografía y trato de trasladarla a mi realidad presente, me encuentro con que puedo identificarme fácilmente con la parte de las injusticias o con los tiempos difíciles; sin embargo cuando llego a “todo lo que hacía prosperaba” no me roza ni de cerca.

Muchas veces oro, insisto, busco, hago y no veo resultados positivos. Incluso pareciera que es al revés, y entonces me planteo si tiene sentido continuar en esa dirección. Por momentos surgen preguntas del tipo ¿qué estoy haciendo mal? ¿Por qué sucede o no sucede tal cosa? ¿Cuándo terminará la tormenta? No hay respuesta. Entonces pruebo con quedarme quieta y confiar. El mismo resultado. El silencio sigue y la espera también.

Me cuesta muchísimo y eso que estoy a miles de kilómetros de experimentar todo lo malo que vivió aquel joven.

Durante sus primeros trece años en Egipto, es verdad que todo lo que hacía prosperaba, pero también la injusticia lo seguía a donde quiera que él fuera.

Mientras tanto, su familia en Canaán no la estaba pasando bien tampoco. Todo el ambiente del hogar se alteró para siempre. Dice la Palabra:

Y Jacob se rasgó las vestiduras y se vistió de luto, y por mucho tiempo hizo duelo por su hijo. Todos sus hijos e hijas intentaban calmarlo, pero él no se dejaba consolar, sino que decía. “No. Guardaré luto hasta que descienda al sepulcro a reunirme con mi hijo.” Así Jacob siguió llorando la muerte de José.

Génesis 37: 34 y 35 (NVI)

José tuvo que atravesar el doloroso proceso de convertirse en esclavo y aprender a sobrevivir en una cultura ajena, llevando sobre sus hombros la pesada mochila de la orfandad sumada al recuerdo de la envidia, odio y traición de parte de sus propios hermanos…

Su historia está resumida en unos pocos capítulos del libro de Génesis, pero sus vivencias podrían abarcar un libro entero. Pasaron muchos años y por fin pudo obtener el lugar de influencia que Dios le había prometido en su juventud. Y (como siempre) cuando parece que todo está bien y los malos tiempos han sido superados, el pasado regresa con fuerza y sin avisar y lo golpea de frente.

Este hombre, ya  maduro, tiene que sanar sus heridas e incluso ayudar a quienes lo habían despojado de todo, excepto de su confianza en Dios.

—Yo soy José —declaró a sus hermanos—. ¿Vive todavía mi padre? Pero ellos estaban tan pasmados que no atinaban a contestarle. No obstante, José insistió: —¡Acérquense! Cuando ellos se acercaron, él añadió: —Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto.  Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas.  Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas.  Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, no ustedes. Él me ha puesto como asesor del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto

Génesis 45: 3-8 (NVI)

(Énfasis del autor)

Personalmente creo que fue luego de ver su vida en retrospectiva que José pudo tener esa charla tan singular con sus hermanos, librarlos del peso de la culpa y bendecirlos con alimentos. ¿El sueño que Dios le dio cuando tenía diecisiete años se cumplió? Sí. Pero José aprendió a ver desde una perspectiva mucho más amplia. Su señorío fue distinto a como lo imaginó y Dios obró para que por medio de él se preservara la vida de toda una nación.

Cuando estamos viviendo los tiempos amargos es probable que no podamos tener una visión clara ni siquiera del presente, mucho menos de cómo Dios obrará para bien. Lo que sí podemos hacer es ejercitarnos día tras día en reforzar nuestra confianza y afirmar nuestras convicciones en el Dios en quien creemos. Y cuando el futuro llegue y miremos para atrás podremos (como José) percibir la huella de Papá diseñando un destino conforme a Sus planes, entretejida por detrás de nuestras preguntas sin respuesta.

Mónica Lemos