En una ocasión, estando Jesús a orillas del Lago de Genesaret, se sentía apretujado por la multitud que quería oír el mensaje de Dios. Jesús vio dos barcas en la playa. Los pescadores habían bajado de ellas a lavar sus redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca, y desde allí comenzó a enseñar a la gente. Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: —Lleva la barca a la parte honda del lago, y echen allí sus redes, para pescar. Simón le contestó: —Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, ya que tú lo mandas, voy a echar las redes. Cuando lo hicieron, recogieron tanto pescado que las redes se rompían.
Lucas 5: 1-6 DHH
En más de una oportunidad los discípulos protagonizaron una pesca milagrosa comprobando los milagros de Jesús. En este relato el Maestro estaba cansado de estar tan apretado por la muchedumbre que al ver la oportunidad de subir a una embarcación para usarla como plataforma no la dejó pasar y así logró alejarse una distancia prudencial para seguir enseñando. Me imagino que también podría haber considerado que al terminar la jornada, podría comer unos ricos peces asados y descansar en una buena cena aprovechando que ya estaba en la barca.
Su deseo casi se vio truncado por la realidad de Pedro que frustrado le contó de la insuficiente cosecha de peces que habían obtenido la noche anterior, una jornada laboral que lo único que le dejó fue tal agotamiento que solo deseaba ir a descansar. Pero la propuesta de Jesús finalmente fue muy tentadora y el pescador frustrado obedeció al Maestro. El esfuerzo valió la pena y de inmediato las redes desbordaron de peces y tuvo que llamar a otros pescadores que resultaron absolutamente impactados por la aquella pesca.
La realidad de Pedro y sus compañeros era de frustración y cansancio, las cosas no les habían salido bien.
En su negocio Pedro debía cada día tener un mínimo de resultado para poder vender mercadería fresca, sin heladera ni freezer, se veía obligado a mantener el ritmo de pesca, de cada noche de trabajo dependía su empresa pesquera. En esta oportunidad no solo no había pescado nada, sino que además Jesús le pidió su barca para usarla como plataforma ministerial, justo el día que menos éxito había tenido.
Imagino la dualidad de sentimientos dentro del grupo de pescadores, por un lado, nada mejor que estar con Jesús y al mismo tiempo posponer la preocupación y el cansancio de una noche fatal…
Todos alguna vez nos sentimos presionados por hacer lo correcto o ayudar a otro justo el día menos conveniente. Sí, definitivamente todos fuimos presionados por la necesidad ajena a dejar nuestros deseos de lado. Es que muchas veces el día menos conveniente es justo el mejor día para servir a otros dejando nuestra realidad a un lado.
¿Te paso en este tiempo de pandemia el experimentar la dualidad del cansancio laboral, el esfuerzo mental de enfrentar circunstancias atípicas y a la vez saber que es justamente por sentirte así que lo mejor es darle tiempo y lugar a Jesús en tu día agotador?
Para Pedro una situación así no solo era incomoda, sino más bien frustrante porque el volver a tirar la red no solo era cansador, sino que lo podía enfrentar a otro posible fracaso. Pero el objetivo no era pescar sino ayudar al Maestro… “hacer las cosas a la manera de Jesús”
Hacer las cosas a la manera de Dios nos puede enfrentar con nuestras propias limitaciones, frustraciones, dolores, fracasos e inseguridades. No alcanzar nuestras metas es parte de nuestra vida, como volver a dar un mismo examen varias veces, buscar trabajo sin éxito inmediato o perder financieramente otras veces… y muchas veces es justo cuando Papá puede cambiarnos de dirección en medio de nuestra crisis y puede ser nuestra mejor oportunidad de brillar.
Nadie puede darte garantía de no fracasar, pero cuando te sientas naufragar considerá volver a tirar la red al agua para bendecir a alguien más.
El Señor siempre tiene las mejores ideas y todos los recursos, y como ayuda extra nos da la posibilidad de bendecir y ayudar a otros y escuchar a Jesús decirte como a sus amigos… “no teman volver a empezar”.
Ruth O. Herrera

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