David le contestó: —Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que tú has desafiado.
1° Samuel 17.45 (DHH)
Como todos los días de su vida David salió al campo a realizar su tarea de pastoreo. Una gran responsabilidad, tenía que cuidar el ganado que le proporcionaba a su familia comida, abrigo e incluso moneda de intercambio. Esta mañana en particular su padre estaba en una entrevista con el profeta, Samuel le dijo que uno de sus hijos sería el nuevo rey.
Jesé, el padre, trajo a todos sus hijos, ninguno de ellos resultó elegido. El mismo padre había negado presentar a su hijo menor. Podríamos decir que así comienza una historia de película.
Su aspecto físico, su lugar como hijo menor, la tarea que hacía y quizá algún otro prejuicio más; lo antecedían. De todos modos, Jehová ya lo tenía en su plan.
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en su apariencia ni en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado. No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.»
1° Samuel 16.7 (DHH)
Nuestro lugar no depende de situaciones pasajeras. ¡Pero sí! Tal cual estás pensando la situación pasajera: ¡hay que pasarla!
Luego de ser ungido rey, lejos de recibir una corona, anillo, sirvientes a su placer; David continúo con su tarea: volvió al campo a mostrar a sus ovejas cuales son los pastos tiernos que debían comer.
Era el ungido, uno de los reyes más reconocidos aún en la actualidad, su nombre lo conocemos casi como una sola palabra “el rey David”. Sin embargo regresó al lugar en el que no podía ser visto, no podía ser reconocido, sin celular para mostrar sus hazañas en las redes. Ni más ni menos que esperando el tiempo oportuno.
El tiempo que pasamos como sin gloria, se hace difícil. Esa promesa que recibimos, la meta que nos propusimos, la otra orilla: resultan una quimera. Es ahí donde Cristo se hace fuerte, en nuestra debilidad, y podemos declarar que no estamos solos para atravesar el valle.
El Señor es mi pastor; nada me falta. En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce, me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza.
Tal vez pensaste o soñaste en ser rey…reina, pero seguís entre las ovejas, el olor a rutina y la larga espera.
Lo importante y seguro es que si Dios dispuso que vas a tener “un reino”, el campo y las ovejas no pueden evitarlo. Así fue con David, pero para él la clave no fue que lo ungieran rey sino su amistad con Dios, sus canciones solitarias, sus días y noches estrechando lazos profundos con su Señor. Sentirse abrazado en la espera.
No hay puertas mágicas que se abren a otras realidades. Hay caminos que son transitados.
La paradoja es que hoy puedas invitar a Jesús a formar parte del tuyo, respondiendo a su invitación de estar con vos todos los días siendo tu Señor.
Carolina Parisi
