Abundancia

Dijo Jesús: mi propósito es darles una vida plena y abundante.

Juan 10:10 NTV

Muchas veces queremos vivir la vida en plenitud, pero no la desarrollamos al máximo. Hay siempre un área que nos estanca o retrasa… algo no funciona.

Jesús no vino simplemente a enseñarnos cómo vivir mejor, sino a darnos una nueva vida. En esta declaración y promesa nos habla de su deseo de que tengamos una vida plena y abundante. No habla solo de riquezas materiales ni de éxito humano, sino de una vida llena de propósito, con paz, gozo, sentido de servicio, esperanza y dirección. Esta es la vida que Jesús nos ofrece, una clase de vida que solo puede encontrarse en y con Él.

Muchas personas que aman a Dios no están disfrutando de esa plenitud. Una agenda llena de actividades no es sinónimo de vida plena, tampoco una abultada cuenta bancaria, y menos es ausencia de problemas. 

Una vida abundante es aquella que está alineada con el corazón de Dios, que transcurre con paz en medio de la tormenta, con gozo en medio de la lucha, con propósito en medio de lo simple, cotidiano.

Leí un cuento que me hizo recordar la promesa de Jesús y cómo actuamos la mayoría de nuestros días.

“Había una vez un pueblo en medio de un gran desierto. Sus habitantes sobrevivían con lo justo: agua racionada, cultivos pobres y una vida apagada por la rutina. Todos sabían que muchos años atrás, en lo profundo de la tierra, existía un pozo de agua viva que daba fruto abundante y nunca se secaba. Pero por alguna razón, generaciones atrás lo habían sellado con piedras y olvidado.

Un día llegó al pueblo un viajero que les habló de ese pozo olvidado y les aseguró que aún seguía brotando agua, esperando ser descubierto. Pero el pueblo dudaba. “¿Para qué remover piedras? Tenemos suficiente para sobrevivir”, decían. Solo un joven pastor se animó a creer. Comenzó a quitar piedra por piedra, cavando cada día. Algunos se burlaban, otros simplemente lo ignoraban. Una mañana, algunas gotas de agua pura comenzaron a brotar, el goteo se convirtió en corriente tímida y después brotó un chorro cristalino con fuerza del suelo. En pocos días, el pueblo entero se acercó. Lo que antes era sequedad se volvió oasis. Con los meses hubo frutas, sembradíos y más ganado. Entonces también brotó una alegría diferente. El viajero volvió a pasar por el pueblo y sonrió al ver el cambio. El joven pastor le preguntó: “¿Por qué no todos creyeron desde el principio?”. Y el viajero respondió: “Porque estaban acostumbrados a sobrevivir, pero no sabían que habían sido creados para vivir en abundancia”.

Jesús no prometió una vida sin problemas, prometió abundancia.

¡ALTO! No puede pasarte lo mismo, no repitas la historia del pueblo que no tenía expectativas. No te conformes con menos de lo que Cristo ganó para vos. Descubrí lo nuevo, renovado del propósito de Dios para tu vida.

Actuá por los dones que el Espíritu sembró en vos. Arriesgate a cambiar tu rutina y a desarrollar cada día un poco más esas cosas que hasta hoy no te animaste.

Escribí al menos 3 cosas que tenés que redireccionar hacia la abundancia.

 

Ruth O. Herrera