Reciban abundancia de gracia y de paz mediante el conocimiento que tienen de Dios y de Jesús, nuestro Señor.
2° Pedro 1. 2 (DHH)
(Énfasis del autor)
Vivimos tiempos turbulentos. Pareciera ser que quien grita más fuerte o repite las mismas frases todo el tiempo, tuviera razón. Y esto lo vemos en todos los ambientes sociales.
Este fenómeno excede a nuestro país, podría decirse que es global. Casi no se discuten propuestas. Eso se ha reemplazado por atacar al que piensa distinto, instalar un pensamiento único que aparece disfrazado de inclusión, pero discrimina al que opina diferente. Parece que siempre es el otro quien está equivocado.
Hay guerras y rumores de guerra ¡cuánto necesitamos la paz! y cuán escasa es la Gracia que solemos extender (como práctica diaria) a otros.
Estas dos cualidades, gracia y paz nos han sido impartidas. Lo sabemos de memoria, pero en medio de las preocupaciones cotidianas a menudo se nos hace difícil vivirlas.
Pedro continúa con el saludo que mencionamos en el devocional de ayer, destinado a los creyentes de su tiempo. Y, al hacerlo, agrega estas dos virtudes que te decía en el párrafo de arriba: Gracia y paz. Su deseo es reciban abundancia de gracia y de paz.
¿Recuerdan el saludo de Jesús cuando se apareció a los suyos después de haber resucitado? Él les dijo: “Paz a ustedes” (Jn 20.19, 21 y 26). Muchos años después, Pablo comenzaría muchas de sus cartas con estas palabras: gracia y paz de parte de Dios y de Jesús; Juan también menciona estas cualidades y Pedro, que de él estamos hablando, enfoca su saludo en el mismo sentido. Él agrega una palabra que me llamó la atención “reciban” abundancia de gracia y de paz ¿cómo? mediante el conocimiento que tenemos de Dios y de nuestro Señor Jesús.
En la iglesia primitiva había falsos maestros que ponían el conocimiento por sobre la fe. Consideraban este conocimiento como superior. Para combatir esta herejía, Pedro habla del conocimiento de Jesús, pero no como un saber intelectual sino como un conocimiento completo, pleno que surge de la relación y de la experiencia del creyente con Cristo.
Esto es algo que se repite en toda la Escritura, las virtudes o cualidades espirituales se reciben y se mantienen a través del desarrollo continuo de nuestra relación con Cristo. Esta condición nunca cambió ni lo hará.
Cuando reconocemos a Jesús y experimentamos su vida en nuestro interior, como una realidad que se renueva día a día, es cuando recibimos abundancia de gracia y de paz.
Es imposible extender gracia y paz al que lo necesite, si no la hemos recibido primero y si no cuidamos nuestro espíritu para que no se contamine con influencias que pugnan por ocupar el lugar de Jesús en nuestra vida.
Por supuesto, podemos experimentar momentos de lucha y de desasosiego, pero no estamos llamados a vivir de modo permanente en esa condición. Se nos otorga gracia para que podamos darla y se nos regala paz, esa que trasciende toda comprensión, para que podamos transmitirla en nuestras interacciones cotidianas.
Desde las páginas de la Escritura, Pedro te invita a que recibas esa gracia y esa paz y les hagas un nidito en tu espíritu para que su calidez se manifieste a tu alrededor. Si por distintas causas tendés a perderlas, Cristo siempre está dispuesto a renovar sus regalos a aquellos que ama.
Mónica Lemos
