“Acuérdate de los días antiguos; considera los años de muchas generaciones. Pregunta a tu padre, y él te declarará; a tus ancianos, y ellos te dirán.
Deuteronomio 32:7 (RVA2015)
El contar y recordar historias de tiempos pasados es una constante en la Biblia. El pueblo de Israel no separaba los hitos históricos de la nación de los hechos espirituales.
Yo he sido joven y he envejecido; pero no he visto a un justo desamparado ni a sus descendientes mendigando pan.
Salmos 37:25 (RVA2015)
Trataré de explicarlo mejor con un ejemplo: para los argentinos nuestros próceres son San Martín, Belgrano, y otros. Si querés saber de ellos tenés que estudiar historia argentina, si deseás conocer a los héroes de la fe recurrirás a la Biblia.
En cambio, los próceres del pueblo elegido son también héroes bíblicos. Dios está presente a lo largo de toda su historia, desde su nacimiento como nación y es Él el que elige a los libertadores, líderes y reyes. Su historia es teocéntrica desde el principio.
Nuestro libertador fue San Martín, lo aprendemos en el colegio. El libertador de Israel fue Moisés, un hombre elegido y llamado por Dios para esa tarea. La historia de la liberación de la esclavitud, los comienzos de la nación, sus leyes y las minuciosas instrucciones que abarcaban todos los aspectos de la vida cotidiana están registrados en los primeros cinco libros de la Biblia. Los padres de familia eran los que tenían la obligación de contar esos hechos a sus hijos, de generación a generación. Dios así lo había ordenado. La enseñanza de la Torá se hacía en la casa, de este modo cada familia instruía a sus descendientes en los caminos del Señor.
¿Por qué Dios habría dado esta orden? Si la observamos con nuestros ojos actuales, existe un motivo poderoso.
Hay una frase que se atribuye a distintos autores, según la bibliografía que consultes. En Argentina la pronunció el presidente Nicolás Avellaneda y dice: “los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”
Esta sentencia fue una realidad constante durante el liderazgo de Moisés. Los mismos errores se repetían vez tras vez. El pueblo experimentaba los milagros poderosos de Dios en su favor, y ante el primer contratiempo o viento de novedad que soplaba de los pueblos vecinos decidían seguir a otros dioses o atribuirse a su propio mérito los logros obtenidos. Por eso había que recordar, insistir, repetir la historia del pasado que estaba impregnada del amor, el poder y la fidelidad de Dios para poder avanzar hacia el futuro que Él les había prometido.
Lo que nunca debían olvidar era Quién era su dueño y qué había hechos por ellos.
El Todopoderoso no había cambiado ni nunca lo haría, y el diseño que tenía para los suyos se haría realidad si ellos tenían grabada en su mente y en su corazón la historia sagrada.
La naturaleza humana es así. Olvidadiza, distraída. A todos nos sucede que pasamos por etapas duras y pedimos ayuda al Señor, pero cuando la recibimos y estamos bien podemos experimentar la tendencia a olvidar y empezar como quien dice a creer que podemos salir adelante por nuestros propios méritos, llámese educación o condiciones económicas.
Todos los pronósticos actuales, desde los distintos sectores que analizan la realidad política y económica de Argentina auguran tiempos difíciles. Por eso es imprescindible que tengamos presente nuestra propia historia personal, familiar y que también nos nutramos de los testimonios de aquellos que nos precedieron en la fe para que podamos animarnos unos a otros con las palabras del salmista
Yo he sido joven y he envejecido; pero no he visto a un justo desamparado ni a sus descendientes mendigando pan.
Salmos 37:25 (RVA2015)
Mónica Lemos
