Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo. De manera que alabamos a Dios por la abundante gracia que derramó sobre nosotros, los que pertenecemos a su Hijo amado, Dios es tan rico en gracia y bondad que compró nuestra libertad con la sangre de su Hijo y perdonó nuestros pecados. Él desbordó su bondad sobre nosotros junto con toda la sabiduría y el entendimiento.
Efesios 1:5-8 (NTV)
(Énfasis del autor)
Hace unas semanas escuché el testimonio de una chica cristiana que tuvo un hijo luego de atravesar un embarazo con serias complicaciones de salud. Vive en Canadá. Los especialistas que la atendieron no detectaron la gravedad de sus síntomas. Como planeaba tener otro, envió todos sus estudios médicos a un profesional de Colombia que le habían recomendado. El informe que recibió la dejó desconcertada, pero muy agradecida ¡estaba viva de milagro! Pero no podía volver a embarazarse. Ante este resultado decidió adoptar a un niño de Latinoamérica, ya que en Canadá los requisitos económicos y sociales son excesivos, casi excluyentes.
En Argentina, la adopción no tiene buena prensa, se considera como última alternativa. Se prioriza siempre el vínculo sanguíneo. Pensé que los obstáculos solo existían aquí, pero también es una realidad en otros países.
La Biblia, sin embargo, tiene un muy alto concepto de la adopción. Por esta, Dios nos incluyó en su familia a través de Jesús. Esta acción nos incluye y nos privilegia. No importa nuestro origen. Si reconocemos a Cristo y aceptamos su sacrificio, inmediatamente somos adoptados como miembros de la familia celestial. Tenemos un ADN espiritual impecable, que supera nuestro pasado y transforma nuestro presente y futuro. Nacimos espiritualmente por elección. De hecho, el nacimiento espiritual es el único que podemos elegir (esto lo aprendí de un Seminario que dio nuestro Pastor hace unos años).
Quisiera dejarte algunas “señales” orientadoras que aparecen en el texto de Efesios. Como si fueran esas marcas que aparecen en la ruta y te permiten saber si vas en la dirección correcta. Son las siguientes:
1.Dios decidió adoptarnos y le dio gran gusto hacerlo. 2. Derramó abundante gracia sobre nosotros y nos dio un sentido eterno de pertenencia. 3. Es tan rico en gracia y bondad que nos dio libertad y perdonó nuestros pecados a costa de la sangre (vida) de su Único Hijo. 4. Desbordó su bondad sobre nosotros junto con toda la sabiduría y entendimiento.
Cuando sientas que humanamente tu vida no tiene las mismas posibilidades que las de otros; pienses que te gustaría haber nacido en otra familia; que tu genética no te favorece o que es imposible que superes tu historia personal, por favor recordá que pertenecés a la familia eterna del cielo. Que el ser más grande, poderoso y rico, Aquel a quien ni los cielos de los cielos pueden contener, te eligió como hijo. ¡Él te bendice, aunque a veces no puedas percibirlo!
Mónica Lemos
