Agua en tierra seca

Pues derramaré agua para calmar tu sed y para regar tus campos resecos; derramaré mi Espíritu sobre tus descendientes, y mi bendición sobre tus hijos.

Isaías 44:3 NTV

Una y otra vez en las Escrituras nuestro Dios promete darnos agua para calmar nuestra sed, pero también para regar la tierra reseca. Su amor por las personas no está disociado de su interés por la creación. Somos nosotros los que muchas veces espiritualizamos indebidamente y enfatizamos solo una parte. Los seres humanos fuimos creados para vivir en armonía con el planeta que Él nos dio para habitar.

Él siempre tuvo todo previsto, hasta el más mínimo detalle. No dejó nada librado al azar.  Antes de que lloviera por primera vez, ya se había encargado de regar el huerto.

Éstos son los orígenes de los cielos y la tierra cuando fueron creados, el día que Dios el Señor hizo la tierra y los cielos, y toda planta del campo antes de que existiera en la tierra, y toda hierba del campo antes de que naciera, pues Dios el Señor aún no había hecho llover sobre la tierra, ni había nadie que cultivara la tierra. Más bien, de la tierra subía un vapor, el cual regaba toda la superficie de la tierra.  Entonces, del polvo de la tierra Dios el Señor formó al hombre, e infundió en su nariz aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser con vida. Y Dios el Señor plantó un huerto en Edén, al oriente, y allí puso al hombre que había formado.  De la tierra, Dios el Señor hizo crecer todo árbol deleitable a la vista y bueno para comer; también estaban en medio del huerto el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.  De Edén salía un río que regaba el huerto, y de allí se dividía en otros cuatro ríos.

Génesis 2:4-10 RVC

(Énfasis del autor)

¡Es maravilloso! Primero creó todo lo que el ser humano necesitaba para vivir y recién después, cuando todo estaba listo, creó al hombre, plantó el huerto y puso al hombre para que lo cultivara y lo cuidara.

A partir de ese momento y durante siglos la humanidad se ha ocupado de contaminar el aire, alterar el delicado equilibrio del ciclo vital, depredar especies animales, talar árboles, sembrar la tierra ininterrumpidamente sin permitir que el suelo descanse, etc.

Esta enumeración es puramente descriptiva. No adhiero por moda al ecologismo como a una más de las grandes “causas del momento”, sí considero que como cristianos tenemos que cuidar la casa que Dios nos dio para habitar y no forzarla para que se acomode a nuestra propia conveniencia. El tema es muy amplio y las versiones que circulan, algunas muy bien intencionadas, no tienen en cuenta al Creador y por eso están destinadas al fracaso.

¿Recuerdan que durante la cuarentena pudimos ver a los patos circular libremente por algunas calles? La noticia salía en todos los portales de internet. El periodismo comentaba con entusiasmo que después de la pandemia todo iba a cambiar. El consumo desmesurado se había interrumpido, el ecosistema se recuperaba. No duró mucho, pronto volvimos a los viejos hábitos y todo continuó como siempre.

El pecado, la desobediencia, el dar la espalda a Dios, creer que sabemos más que el Creador, explotar los recursos naturales para satisfacer la avaricia de “progreso” nos ha llevado hasta esta situación. Y acá estamos todos. También los cristianos que no somos del mundo, pero vivimos en él y debemos ser buenos administradores de lo que Papá dejó a nuestro cuidado.

El texto de 2 Crónicas se cita con frecuencia cada vez que alguien nos convoca a orar. Contiene cuatro condiciones y tres promesas.

Las condiciones que Dios pone son las siguientes:

  • Humillarnos
  • Orar
  • Buscarlo
  • Dejar nuestra mala conducta

 Si ponemos en práctica estas demandas, las promesas están aseguradas:

-Dios nos escuchará

-Perdonará nuestros pecados

-Devolverá la prosperidad al país (la versión RVR60 dice “sanaré su tierra”)

y si mi pueblo, el pueblo que lleva mi nombre, se humilla, ora, me busca y deja su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré sus pecados y devolveré la prosperidad a su país.

2 Crónicas 7: 14 DHH

Papá tiene una idea integral de la vida. Por eso el derramar agua para calmar nuestra sed y regar los campos va unido a derramar su Espíritu sobre nuestros descendientes y su bendición sobre nuestros hijos.

Y vos ¿qué acciones concretas estás dispuesto a hacer para que Su deseo sea realidad? Hoy podés empezar a crear en oración las condiciones para que Él sane nuestra tierra. ¿te parece posible?

 

Mónica Lemos