Pablo fue a visitar a Áquila y a Priscila, y al ver que ellos se dedicaban a fabricar tiendas de campaña, se quedó a trabajar con ellos, pues también él sabía cómo hacerlas.
Hechos 18: 2-3TLA
La Amistad con Priscila y Aquila fue otra bendición para el apóstol Pablo. Eran una pareja cristiana que potenció y ayudó su ministerio. En Corinto, donde Priscila y Aquila eran artesanos haciendo tiendas de cuero, Pablo se quedó con ellos compartiendo el mismo oficio y estableció una conexión muy significativa.
Fue con ellos que el apóstol vivió tiempos en familia. Seguramente con la mesa servida, una cama cómoda y limpia y rutinas diarias que complementaban el ministerio y el trabajo formal.
Es más… no solo compartieron su hogar con Pablo, sino que también fueron instrumento en la instrucción de Apolos, que era un predicador elocuente, pero con un conocimiento incompleto de Cristo. La amistad entre Priscila, Aquila y Pablo resalta la importancia de la colaboración en el ministerio y la disposición para enseñar y aprender entre amigos de la fe.
La amistad en el vínculo familiar no siempre se da. El hermano es hermano, los primos son primos y… el vínculo con los de la casa se bifurca por otros carriles. Creo que uno de los obstáculos es que, en familia, somos demasiado nosotros mismos, quiero decir: no cuidamos las relaciones como lo hacemos con los amigos elegidos. Pero sin duda, cuando ocurre, es maravilloso. Especialmente entre hermanos o alguien contemporáneo, donde surge temas y gustos que son similares.
Recuerdo los tiempos de mi adolescencia en que pude compartir con mis hermanos la música, el salir a evangelizar sentados en una plaza o viajando a aquellas reuniones, que eran muy formales, pero entre nosotros eran súper amenas. Soy de las personas que son potenciadas en la fe por los más cercanos. Descubrí mi llamado al ministerio con ellos y fueron fundamentales para enfrentar las crisis de no ser aceptados con nuestras “formas juveniles”.
Desarrollar la amistad dentro del núcleo familiar hoy puede ser más difícil, pero el compartir la fe y el propósito de Dios provoca una unidad y amistad muy inspiradora.
La amistad verdadera tiene muchas formas que enriquecen y son provocadoras de vida.
La vida y el ministerio de Pablo subrayan la importancia de relaciones profundas, que acompañen los direferentes procesos de la vida.
Colaboradores como Bernabé, Silas, Timoteo, Priscila y Aquila fueron esenciales para el trabajo misionero de Pablo, como él lo fue para ellos. El servir a Dios le regaló una gran cantidad de amigos y hermanos y, aunque de muchos de ellos no se especifican nombres individuales, es evidente que Pablo buscaba establecer lazos fraternales y compartir la fe con los creyentes.
Amistades trascendentales, que no solo lo bendijeron a él, sino más bien era las que sostuvieron el progreso del evangelio en el primer siglo.
Cuando Dios es el centro de nuestra vida también debe ser el centro en nuestras amistades. Recordá los nombres de tus más cercanos amigos y, si no lo hiciste en esta última semana, no dejes de orar por ellos y decirles que son un regalo de Papá.
Ruth O. Herrera
