«Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Este es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores. Pero la sabiduría queda demostrada por sus hechos»
Mateo 11:19, NVI
La manera en la que Jesús se manejaba hizo que se ganara un apodo despectivo que era todo un insulto para la época. Buscaban afectar su reputación, aunque en el fondo no hacían más que describir su verdadero propósito en la tierra, ya que claramente había venido a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10). “Amigo de pecadores” era el rótulo que pronunciaban con un gesto de desprecio, pero si algo lo distinguía del resto, era que Él no colocaba las opiniones de terceros por encima de su misión. Sabía quién era y lo que buscaba en cada encuentro.
Amigos, no enemigos
Como cristianos debemos buscar imitar la conducta, los valores, las prioridades y las costumbres de Cristo. En este sentido, aunque suene contradictorio desde el punto de vista religioso, estamos llamados a ser amigos de los pecadores y no sus enemigos. No deberíamos espantarnos con el peligro de las malas influencias si tenemos claro nuestro rol. Dios le dijo a Jeremías: «Tienes que ser tu quien influya en ellos y no al revés» (19:15, NBV).
Cuando en la Biblia leemos frases como: «No se dan cuenta de que la amistad con el mundo los convierte en enemigos de Dios?» (Santiago 4:4), no se refiere a las personas, sino al sistema corrupto que gobierna este planeta. Dios ama de tal manera a la gente que hoy vive en este mundo, que estuvo dispuesto a dar hasta su propio Hijo por ellos (Juan 3:16). Somos portadores de una luz que no puede esconderse, y si nos aislamos, ¿cómo harán para salir de la oscuridad quienes nunca podrán ser nuestros amigos?
¿Cómo nos gustaría que describan nuestra relación con los demás? Yo quisiera ser como Jesús. No sería bueno que nos vean como amigos de unos pocos «santos», o sujetos que se creen tan puros que no pueden rebajarse a pasar un rato con gente de una «escala moral inferior».
Gracia y verdad
Jesús estaba lleno de gracia y de verdad (Juan 1:14). Ese orden no es casual. A menudo pareciera como que intentamos obligar a las personas a creer nuestra verdad antes de que conozcan la gracia de Dios, y así no funciona la secuencia que Él estableció. A la mujer adúltera, Jesús primero le mostró su gracia protegiéndola de morir apedreada, luego le dijo: «Vete y no peques más» (Juan 8:11). Primero la gracia, después la verdad. No debemos apresurarnos por predicar nuestros conceptos sin tomar tiempo para sentarnos a compartir, a escuchar, a mostrar interés, a amar.
No pretendamos ser simples transmisores de un mensaje sin involucrarnos personalmente. Seamos agentes que irradian compasión en lugar de condena. Muchos cristianos juzgan a cualquiera que lleva una vida de pecado, por eso jamás se detienen a generar una conversación con alguien así. Pero, ¿qué es lo que realmente nos diferencia de ellos? Solo que la sangre de Jesús nos ha limpiado y hemos recibido su perdón por pura gracia. Aun así, nunca olvidemos que seguimos siendo pecadores. Querer subirnos a un falso pedestal de perfección nos coloca en una posición de hipocresía.
Escuchar sin prejuicios
Ayer estuvimos meditando en amar como Jesús, y para eso hoy nos desafiamos mutuamente a abandonar los prejuicios espirituales y acercarnos al pecador. A sacarnos la toga de jueces que no fue hecha a nuestra medida y hacer correr la gracia que nos alcanzó a nosotros. A cambiar el ceño fruncido de quien se escandaliza por todo por la sonrisa de quien es feliz en la libertad que Dios le dio.
Escuchar a las personas con sus historias, sus heridas, sus miedos y sus dudas sin juzgarlas, puede transformar un corazón con mucha más facilidad de lo que podrían lograr mil sermones. Dios tiene el poder suficiente para llegar a la gente de muchas maneras, pero hoy nos invita a nosotros a facilitar conversiones pareciéndonos a Cristo. No fuimos llamados a convencer a nadie y no tenemos ese poder; hagamos nuestra parte siendo amigables y comprensivos con todos, dejando al Espíritu Santo actuar libremente y a sus tiempos a través de nuestra actitud.
Acción:
Dejando nuestros prejuicios de lado, hoy vamos a enfocarnos en “mostrar gracia a nuestros amigos”, antes de expresar toda la verdad que nos gustaría decirles.
Oración:
Oramos por la historia particular que hay detrás de los cinco amigos de nuestra lista.
Pedimos poder imitar al Señor en acercarnos amistosamente a los pecadores.
Rogamos para que seamos capaces de manejar un equilibrio saludable entre gracia y verdad.
Argentina Oramos por Vos
40 días de ayuno, oración y acción 2025
