Amistades inesperadas

 Uno de los criminales que estaban colgados, lo insultaba: — ¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros! Pero el otro reprendió a su compañero, diciéndole: — ¿No tienes temor de Dios, tú que estás bajo el mismo castigo?  Nosotros estamos sufriendo con toda razón, porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho; pero este hombre no hizo nada malo.

Luego añadió: —Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.

Jesús le contestó: —Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Lucas 23: 39-43 DHH

 

Durante su vida Jesús había cosechado muchos amigos, compañeros, discípulos y seguidores que lo admiraban y amaban. Pero también muchos otros lo perseguían y constantemente lo querían acusar.

Los últimos momentos de su vida, en la cruz, no fueron diferentes; a su izquierda y su derecha otros dos condenados a muerte probaron su carácter de amor.

 

¿Cómo puede un hombre en la cruz insultar a otro en su misma condición de condenado? Evidentemente, desesperado aquel criminal provoco a Jesús como última alternativa de vida… ¡SALVATE Y SALVANOS!! PRUEBAME QUE LO QUE DIJISTE ES VERDAD!

Pero Jesús tenía obviamente otro plan y quedó demostrado en sus últimos minutos de vida al hablar con el segundo reo que mostro arrepentimiento y lo reconoció como el Hijo de Dios, y entonces le pidió lo correcto. 

 

Este fue el cierre magistral de su vida, la última expresión de amistad antes del final de su tormento. 

Sobre el umbral de la muerte dio vida. Construyó con unas pocas palabras una amistad eterna…

 

¡Qué maravilloso hombre, que magistral manera de terminar su plan! 

 

Ni el dolor ni la muerte desviaron su mirada misericordiosa de un pecador arrepentido.

 

Ser amigable en las buenas y en las malas, sin depender de nuestros estados de ánimo y circunstancias, es parecernos a nuestro Maestro. 

Una mirada compresiva, una sonrisa a tiempo, un apretón de manos oportuno, un llamado, una caricia o palabras de esperanza, detalles sencillos que encierran la Gracia de nuestro Señor y predican a tiempo y fuera de tiempo. Ser provocadores de buenas obras.

 

Llegando a fin de año, las emociones y los recuerdos aprietan el corazón a tantas personas alrededor nuestro que, es urgente que construyamos lazos fraternales que manifiesten nuestra amistad a través del abrazo de Papá.

Un nuevo tiempo, una nueva temporada, nuevas expectativas para compartir…

No termines este día sin hacer feliz a alguien

 

Ruth O. Herrera