Jesús bajó de la barca y vio que allí había una gran cantidad de gente. Entonces tuvo compasión de ellos y sanó a todos los que estaban enfermos.
Mateo 14: 14 TLA
(Énfasis del autor)
No sería incorrecto pensar que amar es sinónimo de acción. Cada día que compartimos con alguien el amor de Dios, nos acercamos a alguien triste, ayudamos a quien lo necesita, damos abrigo u oramos y visitamos a un enfermo, nuestras acciones son una clara imagen del amor de Dios.
La compasión de Jesús fue una marca visible durante toda su vida, su determinación por estar cerca de la gente que necesitaba esperanza desataba enojos y también críticas, pero nunca cambió de plan. Esa misma compasión debemos mostrar nosotros y hoy viernes … es un buen día para hacerlo.
En ese momento, Jesús sanó a muchos que estaban enfermos y que sufrían mucho. También sanó a los que tenían espíritus malos, y a muchos ciegos les devolvió la vista. Luego les respondió a los dos hombres: —Vayan y díganle a Juan todo lo que ustedes han visto y oído: Ahora los ciegos pueden ver y los cojos caminan bien. Los leprosos quedan sanos, y los sordos ya pueden oír. Los que estaban muertos han vuelto a la vida, y a los pobres se les anunciala buena noticia de salvación.
Lucas 7 21-22 TLA
(Énfasis del autor)
Para llevar a cabo esta tarea hace falta valentía y valientes no son solo los más fuertes, los más osados, ni los más temerarios sino los que se atreven a compartir lo propio con los que menos tienen, que no se escapan ante la necesidad de los demás. Solo por dar una palabra de aliento a un desconocido sos parte de los que arrebatan la bendición del Reino sabiendo que es más bienaventurado dar que recibir.
Al hablar de Jesús dar y servir en amor a otros se desata el milagro de la redención y la restauración. Y podemos comprobar como lo imposible siempre comienza a ser real por la obra de la misma persona de Jesús manifestada a través de nosotros.
Es por su misericordia y amor que para nosotros “todo nos es posible”. Podemos pedir insistentemente y todavía volver a pedir, y cada oración es contada por la infinita compasión del Señor.
El “ve las multitudes”, y al mismo tiempo, identifica a cada persona en particular. El gran misterio de su sabiduría nos excede y a la vez es la garantía de que por su poder podemos bendecir más allá de nuestras posibilidades.
El desafía todas las reglas naturales para llegar hasta nosotros y prepararnos para ser sal, luz, testigos y colaboradores del Reino.
Algunas cosas no cambian fácilmente, por ejemplo el dolor de aquellos que esperan casi desalentados la sanidad, por eso es urgente que ellos puedan experimentar la paz que supera a la razón y todo entendimiento, que escuchen la buena noticia de que si aman a Dios todo les ayudará a bien.
¿Conocés a alguien en esta condición? Tomá un tiempo para orar por él o por ella intercediendo y desatando salud.
¿Alguien necesita que cruces los límites naturales y clames en el Espíritu por su situación? Disponete a hacerlo sabiendo que todo el tiempo invertido en esto será recompensado en la Gracia de Dios.
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