El amor es paciente y bondadoso; no es envidioso ni jactancioso, no se envanece; no hace nada impropio; no es egoísta ni se irrita; no es rencoroso; no se alegra de la injusticia, sino que se une a la alegría de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
1°Corintios 13: 4-7 RVC
Este pasaje es muy conocido y usado como premisa y modelo de lo que es realmente amar, pero creo no equivocarme al pensar que, el poder vivir un amor tan puro y entrañable, solo Jesús pudo experimentarlo en la tierra. Amar al límite es muchas veces considerado una exageración y hasta un error. Más de una vez escuché frases de este estilo: ¿Cómo amar a quienes son extraños o no merecen ser amados?
Por eso hoy podemos ser inspirados/as al compartir una historia verídica que resume cómo, a través del tiempo, alguien puede cambiar de actitud y disposición frente a la vida. Dejar de verse a sí mismo como el centro del universo para ver la necesidad de los otros.
Leé la siguiente historia y dejá que el Espíritu Santo te inspire y mueva a bendecir.
El padre Damien, nacido como Jozef De Veuster en 1840 en Bélgica, es un ejemplo impactante de amor extremo. Fue un sacerdote católico de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María, que dedicó su vida a servir a los leprosos en la isla de Molokai, Hawái.
Como en la época de Jesús, en el siglo XIX, la lepra (hoy conocida como enfermedad de Hansen) era una enfermedad temida y altamente estigmatizada. Los infectados eran aislados en colonias lejanas, y Molokai se convirtió en un lugar donde los leprosos eran enviados a vivir y morir en condiciones miserables.
En 1873, el padre Damien se ofreció como voluntario para ir a Molokai a servir a los leprosos. Sabía que esta decisión significaba un alto riesgo de contraer la enfermedad, pero su amor por los enfermos y marginados era mayor que su temor.
Durante 16 años, el padre Damien vivió entre los leprosos, brindándoles consuelo espiritual, atención médica, y trabajando incansablemente para mejorar sus condiciones de vida. Construyó iglesias, casas, escuelas y hospitales, transformando la colonia en un lugar de esperanza y dignidad.
Su amor por los leprosos era tan profundo que se refería a ellos como «mis hijos». En 1885, el padre Damien contrajo la lepra, pero continuó su trabajo hasta que la enfermedad le impidió seguir. Murió en 1889, pero su legado de amor y sacrificio perdura y hoy nos inspira y confronta.
El padre Damien es recordado como un modelo de compasión extrema, que no dudó en entregar su vida para aliviar el sufrimiento de los más marginados y olvidados. Su vida es un testimonio de cómo el amor puede trascender el miedo y las barreras, llegando a aquellos que más lo necesitan.
El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo. Sólo el amor vive para siempre. Llegará el día en que ya nadie hable de parte de Dios, ni se hable en idiomas extraños, ni sea necesario conocer los planes secretos de Dios. Las profecías, y todo lo que ahora conocemos, es imperfecto. Cuando llegue lo que es perfecto, todo lo demás se acabará.
1° Corintios 13: 8-10 TLA
Si cualquier persona, sea cual fuere su vida y sus circunstancias, puede disponerse a ver a los demás como objeto de amor y ayuda, su recompensa será aún más grande que su propio esfuerzo.
Ruth O. Herrera
