Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos; estalla en cantos de gozo,tú que nunca has dado a luz,porque el Señor dice:«La mujer abandonada tendrá más hijosque la mujer que tiene esposo.»
Agranda tu tienda de campaña, extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives; alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te vas a extender a derecha e izquierda; tus descendientes conquistarán muchas naciones y poblarán las ciudades ahora desiertas.
Isaías 54: 1- 3 (DHH)
(Énfasis del autor)
Esta directiva fue dada por el profeta Isaías en tiempos en que el pueblo elegido estaba sumido en una profunda crisis. Eran épocas muy difíciles.
Ellos se habían alejado de su creador y habían desechado sus enseñanzas. Las consecuencias no tardaron en llegar.
Ahora, en tiempos de crisis ¿es razonable pensar en crecer?
Sin embargo la orden es clara. Es en ese momento que la mujer estéril, que a lo mejor ya se ha resignado y ha aceptado su condición, tendrá la alegría de concebir hijos. La desamparada, la despreciada… tendrá más hijos que aquella que está casada. Por eso deberá hacer espacio para ellos.
Esta es una comparación que ilustra la relación de pacto que el Creador había establecido con un pueblo. Tan íntima como la de los esposos.
¿Quién puede hacer que conciba? Solamente Dios. La tarea de ella es preparar su casa para recibirlos.
Los pueblos nómades habitaban en tiendas de campaña (lo que hoy llamaríamos carpas) y lo lógico era que si aumentaba la familia hubiera que agrandar el lugar para que todos pudieran vivir juntos.
Hoy nosotros utilizamos las carpas cuando nos vamos de vacaciones, si nos gusta la aventura de acampar o en caso de que nuestros recursos económicos no nos permitan ir a un hotel o alquilar una casa. Es difícil imaginarnos vivir en un espacio que consideraríamos precario…
No obstante podemos apropiarnos del desafío y animarnos a construir en tiempos difíciles, aquellos tiempos en los que todo a nuestro alrededor parece desmoronarse y aun nuestra esperanza se desgasta poco a poco.
En situaciones ideales, cualquiera puede crecer y desarrollarse.
El verdadero paso de fe, el más pequeño atisbo de confianza consiste en extendernos mientras todavía estamos transitando los tiempos duros. Eso es ir contra la corriente.
En momentos en que la prudencia indica no tomar riesgos, podemos animarnos a ampliar algunos límites.
En la actualidad a esta actitud se la suele llamar “salir de la zona de confort”. Es una frase que aunque se puso muy de moda, no siempre es atinada y a veces en lugar de animar, lastima.
¿Te imaginás a Dios decirle eso a una mujer que no tiene nada? Ni esposo, ni hijos. ¿De qué zona de confort tendría que salir? Más bien ella desearía entrar en una zona de comodidad. Tener un esposo en ese tiempo era sinónimo de estabilidad económica y tener hijos, de respeto social.
El profeta le presenta el desafío, pero este va unido a la promesa divina. Por lo tanto es posible animarse a ampliar los límites para algo que todavía no nació.
El texto de Isaías nos invita a extendernos en todo sentido, agrandar un lugar físico y también hacer lugar para lo nuevo, permitir que Papá nos siga edificando como Su casa.
También ustedes, como piedras vivas, sean edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
1° Pedro 2: 5 NBLH
En medio de la crisis que atraviesa el país y aun de tus propias contrariedades personales ¿serás capaz de animarte a hacer espacio interior para seguir creciendo? El crecimiento lo da Dios, pero vos y yo podemos ocuparnos de hacer lugar para que suceda
Mónica Lemos
