Después Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y les dijo: —Siéntense aquí mientras voy allí a orar. Luego tomó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo con él y comenzó a sentirse triste y angustiado. Después les dijo: —¡Mi tristeza es tan grande que me siento morir! Quédense aquí, manténganse despiertos conmigo.
Marcos 26: 36- 38 PDT
(Énfasis del autor)
Un relato desgarrador. Una soledad profunda y tormentosa…
Esta semana, pude identificar la necesidad que Jesús tenía de tener buenos amigos. Al leer el relato de Getsemaní me conmoví por su pedido reiterado de que sus amigos oraran con él.
Todos sus amigos fueron juntos al huerto, y al ir más adentro pidió el respaldo de los tres más allegados:
“Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera”.
El Rey de reyes, el Señor de señores, ante quien toda rodilla debe doblarse, quien formó y sustenta los cielos y la tierra… necesitó profundamente la compañía de sus amigos.
Y lo que más me confronta y me duele es que tres veces encontró a sus amigos durmiendo sin respaldarlo en oración. Su tristeza fue ajena para sus mejores amigos. El cansancio pudo más. Y Jesús sabía que ellos mismos serían probados y necesitaban la fortaleza del cielo… y nada.
Jesús necesitó a sus amigos la peor noche de su vida.
El lunes vimos algunos de los efectos que tiene el ser amigo, hoy te comparto algunos más. Estos efectos en el cuerpo son mencionados por la ciencia.
La amistad fortalece el sistema inmunológico y es notorio que las personas con vínculos sociales fuertes se enferman menos, y cuando lo hacen, se recuperan más rápido. Se reconoce también que hay mayor longevidad. Estudios han demostrado que tener amistades significativas puede alargar la vida tanto como dejar de fumar o mantener una dieta saludable. Y obviamente mejora del bienestar emocional. Sentirse acompañado reduce el riesgo de depresión, ansiedad y trastornos del estado de ánimo.
El Señor necesitó de quienes sostuvieran sus emociones que como ser humano experimentaba.
No te duermas. Quedate alerta si un amigo/a está en su peor noche. Tu oración, tu mano en el hombro, un cruce de miradas puede ser un escudo frente al miedo, la angustia y el desánimo…
La amistad es sanadora.
Ruth O. Herrera
