Apasionados

Por eso quiero que reavives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no nos hace cobardes, sino que él es para nosotros fuente de poder, amor y buen juicio.

2° Timoteo 1: 6-7 PDT

En esta búsqueda de trascender con el evangelio e impactar personas debemos volver cada día a desear contemplar su rostro, y ser transformados y moldeados. Por eso el Señor está invirtiendo en nosotros su Perfecta Voluntad, y quiere equiparnos y sostenernos para la tarea. Para esto tenemos que ser capaces de acompañar y proveer a quienes comienzan el camino, a nuestros adolescentes y niños para que junto con ellos, alcancemos y llevemos de manera eficaz el evangelio completo a personas con identidades diferentes a la nuestra.

No solo salir a la calle sino ser capaces de estar permeables y listos para exponer la verdad de Cristo ante tantas mentiras que hoy se disfrazan de medias verdades.

Apegados a la Verdad y las enseñanzas del Nuevo Testamento, sin negociar ni distraernos.

¿De qué manera llegaremos a los demás, a quienes no conocen nuestra doctrina, fe y la Biblia de manera más profunda? ¿Cómo traducimos lo que es Evangelio para nosotros?

Todo eso, aun los detalles, lo profundos que podamos ser en La Escritura, lo sanos que podamos ser en la doctrina…. Todo eso sin el mover del Espíritu Santo no es nada. Tenemos que evaluar, y distinguir entre lo que es esencial y lo que es circunstancial, es decir, lo que nos tiene que capacitar para las realidades que vivimos sin retractarnos de nuestra fe.

Seamos personas con lenguaje normal y con convicciones firmes en el evangelio, conocidos por amar a Jesús como estilo de vida. Nuestra identidad tiene que ser Cristo. Pero sin discriminar a quienes tienen otra experiencia en Dios. Capaces, en oración, de entender y descubrir cómo ser eficaces en nuestra predicación.  No se trata de ser tibios o ambiguos sino cristianos capaces de no contaminarse y perder muchas oportunidades de estar con quienes de verdad lo necesitan.

Seamos personas positivas, optimistas y llenas de esperanza, seamos buenos amigos, buenos hermanos, buenos parientes, buenos vecinos. Seamos todo lo que Jesús sería si estuviera físicamente sobre la tierra, quien ayuda, quien escucha, quien protege, quien defiende, quien anima. 

Nosotros, sus hijos podemos dar lo que Jesús tiene para dar: 

“El que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás” Juan 4:14

“….. para que en mi tengáis paz” Juan 16:33

“Me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón” Lucas 4:18

“El que cree en mi tiene vida eterna” Juan 6:47

El evangelio es una esperanza poderosa, no importa que tan oscuro sea el presente, o difíciles sean las circunstancias, la buena noticia trasciende a todo, porque habla de Cristo que vino para traer vida abundante y eterna.

Que tu deseo y el mío sea vivir apasionados por Jesús y así muchas personas sean tocadas por el obrar del Espíritu Santo en las casas, las calles, en familia, con amigos, el trabajo… que cada lugar sea una ocasión de mostrar a nuestro amado Jesús.

Si no hay pasión en nosotros no vamos a reproducir jamás pasión en nadie. Ver vidas cambiadas… la gran comisión.

Termino de escribir esta semana de devocionales desafiándome y desafiándote a buscar más oportunidades, más personas y más firmeza en ser una hija, un hijo apasionado por vivir y desatar el Reino de los Cielos…

Ruth O. Herrera